Lou Reed - The kids - Berlin
domingo, 27 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
El contagio
¿Qué escondía Pío Baroja debajo de la boina? La cabeza sería una respuesta obvia, y no baladí, porque don Pío Baroja escondía una flagrante cabeza braquicéfala, característica antropométrica que no disimulaba del todo con una pequeña txapela. Esto me conduce a una segunda pregunta de respuesta no tan fácil. ¿Por qué don Pío se cubría con esa boinita redonda en lugar de con una señorial txapela? Quizás porque don Pío nunca se miraba de perfil en el espejo y nunca midió su índice cefálico con un craneómetro, uno de esos artilugios pre-nazis de medición de cabezas; o quizás opinaba, y con razón, que ocultar completamente el cráneo era más sospechoso que disimularlo parcialmente.
En el prólogo de “El Laberinto de las sirenas”, que se
subtitula “Casi una fantasía antropológica”, don Pío Baroja despliega con mala
leche no carente de humor ciertas opiniones sobre la raza humana. Baroja no era
joven cuando concluyó el libro, anotó un lugar y una fecha bajo el epílogo: “Rotterdam en 1926”; tenía entonces 56 años. Para no reincidir en viejas
acusaciones al autor, me ceñiré a que las opiniones raciales son opiniones de
un personaje, el capitán Andía; y aunque ambos, personaje y autor,
caracterizaron al cascarrabias de su época, debo insistir en que quien firma el
“Prólogo/Casi una fantasía antropológica” es el marino retirado Andía, y advertir
que la novela arranca antes del prólogo con una “Conversación preliminar” entre
el médico escritor Pío Baroja y “una señora que quiere un libro a la medida”.
Los insultos que Andía dedica a los braquicéfalos me han calado. A mí, cuando la edad me ha regalado una alopecia a la que me resigno, me consuela portar un cráneo con la simetría de una canica, una cabeza cuya craneometría se aproximaría a la de la esfera, cuerpo platónico de simetría perfecta y completa. Pues no, mira que no, opina el marinero Andía –y no sé si también el doctor Baroja–, un cráneo esférico no es bello, es un “cráneo de maldito braquicéfalo”, la armonía craneal, la belleza craneométrica pertenece al dolicocéfalo cuya sección elíptica dispone cara y nuca del individuo en los extremos del eje mayor. Las teorías heliocéntricas con órbitas circulares quedaron obsoletas. Pero señores, aunque las órbitas que trazan los planetas sean elípticas, los planetas siguen siendo esferas, canicas de las galaxias, creo que podríamos discutir bastante sobre esto, Shanti Andía, no me convences, los braquicéfalos no somos malditos, porque ha resultado que soy un braquicéfalo medido y comprobado. No tengo craneómetro, pero por medio de ilustraciones sé que el instrumento se asemeja mucho a un sargento de carpitería, he ajustado un sargento “Hurko” de mi taller a los dos ejes de mi cabeza, primero a uno y después a otro, he medido las distancias, he aplicado la fórmula general para el cálculo de cocientes craneales y el resultado me da 83 exacto, sin decimales. Un cociente por debajo del 83,3 marca el límite de la dolicocefalia: hasta 83,3 se es dolicocéfalo, por debajo braquicéfalos. Soy braquicéfalo por 3 décimas: no jorobes Shanti Andía.
Un día festivo de agosto partí hacia Lúzaro, el pueblo natal de Shanti Andía. Me hubiera gustado encontrar un rastro del marino pregonero de la dolicocefalia pero me perdí y terminé en Guetaria, cuna de Juan Sebastián El Cano y de Cristóbal Balenciaga. Me entretuve en el museo dedicado al modisto, allí, comprobé en videos y fotografías que Balenciaga era dolicocéfalo aunque no pude saber nada del índice cefálico de las modelos: las colecciones se exhiben en maniquís sin cabezas. En una planta encontré una exposición de fotografías sobre la relación de Balenciaga y el cine: actrices que lucían en la gran pantalla vestidos, abrigos o complementos del diseñador vasco. Un plano medio de Ava Gardner era el cartel de la exposición. Parecía braquicéfala. ¿Es posible que “el animal más bello del mundo” sea una braquicéfala, Capitán Andía?, pregunté en voz alta. Nadie respondió, sólo la goma de mis zapatos chirriaba en el suelo pulimentado, con este aforo no creo que el museo de Balenciaga tenga futuro, una pena.
De regreso aparqué en Zarauz a la hora del poteo; la tarde estaba revuelta, chispeaba, una tormenta de verano no se decidía a descargar; frente al mar aprecié el amarillo en la cara cóncava de las olas sucias de arena y fondo marino, un color que Baroja describe en “El laberinto de las sirenas”. En el pueblo, bares, calles plazas y terrazas estaban repletos con una relación de un dolicocéfalo cada cuatro braquicéfalos; profusión de braquicéfalos, pero no advertí que el índice cefálico influyera en el consumo porque disfrutaban del txakolí, el rioja y los zuritos indistintamente.
Ahora me siento inquieto. He lanzado opiniones a la ligera y debo corregirme, no puedo asegurar que don Pío fuera braquicéfalo, es más, si observo sus últimas fotografías veo las sienes marcadas, las aristas dibujadas a cada lado de la frente muy propias de dolicocéfalos que contradicen anteriores fotografías con la boina caída hacia la nuca y el frontón que asoma redondo como un balón de Nivea. Ya no se puede ajustar mi sargento Hurko a los ejes de su cabeza para obtener una cifra precisa de su índice cefálico, pero el viejo Baroja parece más dolicocéfalo, y Shanti Andía me ha contagiado sus inquietudes; ustedes no se extrañen si se topan conmigo y les miro fijamente a la cabeza, estaré calculando su índice cefálico, dudando y sufriendo mentalmente para obtener un veredicto porque no es cuestión de cargar a todas horas con una regla y un sargento “Hurko”.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Nuevos cursos
Los jerséis no me duran dos temporadas porque en verano se los comen las polillas; he probado varias fórmulas, me dijeron que hay que lavar la prenda en agua fría con Norit o similar y guardarla en el armario con alcanfor o antipolillas todo el verano; no soporto el olor de ningún antipolillas, incluido el olor del antipolillas sin olor; debo de tener olfato de polilla y me gusta el cachemir, ¿a quién no? El alcanfor me repele, además el antipolillas es poco eficaz con el cachemir; no hay nada que hacer, en otoño encuentro mis jerséis agujereados. Me compro otros; curso nuevo, jerséis nuevos. Todas la temporadas estreno jerséis de lana; quien dice jerséis dice chaquetas, americanas, bufandas, mis prendas de lana y cachemir; no busco exclusivamente seguir la moda: no me gusta el frío que se cuela por los agujeros.
jueves, 8 de agosto de 2013
Nudo Gordiano, Pricesas Bactrianas
Pessoa escribió que nadie desata el nudo Gordiano, porque el nudo Gordiano se corta de un tajo con la espada y con determinación, la determinación del que prefiere tener a saber, del que antepone el sentido práctico y no espera, del que obtiene sus fines y es alguien en la vida, del conquistador, de cualquier Alejandro Magno.
En la última Documenta de Kassel se expusieron unas princesas Bactrianas anteriores a Alejandro Magno. Unas figuritas preciosas, pero ninguna representaba a Roxana.
![]() |
| Foto de www.revistadeartes.com |
martes, 6 de agosto de 2013
Ahumados
En primer plano, sobre una barbacoa de ramas atadas con tiras de piel, se veía un salmón sin cabeza, abierto como los bacalaos en salazón de los puestos del mercado, debajo, otros peces más pequeños igual de abiertos, sin tripas, colgaban para ser ahumados. Con los pies dentro del agua, un hombre vestido de pieles como un esquimal se acercaba a la orilla, sostenía un palo largo con una cuerda que parecía una caña primitiva o un arpón, más atrás, hundidos hasta la rodilla, otros pescadores de espaldas enfundados en pieles. El ambiente era de frío polar o de Era Glacial.
Esta imagen intrascendente no serviría más que para ocupar megas en un disco duro, por eso no había que complicarse y dejar hacer a la Leica X2: elegir la apertura y la sensibilidad ISO automáticas, la medición de luz puntal y anclar la velocidad de obturación en 1/60 para evitar trepidaciones. Así, con breves oscilaciones de la Leica apuntando a diferentes valores de claro y oscuro de la escena, sólo había que elegir en la pantalla el encuadre, la luz apropiada y disparar. Los pescadores y su reflejo en el agua eran dibujos sobre un metacrilato retroiluminado; la barbacoa de ramas, los peces de resina y la orilla de cantos rodados se disponían sobre una peana baja. El contraluz que ofrecía el metacrilato permitía oscurecer y atenuar el protagonismo de otro panel a la derecha con información sobre cómo construir un arpón de hueso. La óptica de una X2 es fija, sin zoom, hacía falta acercarse y alejarse para encuadrar bien.
–Caballero, no está permitido hacer fotos
–¿Ah, no se puede?
La trabajadora del museo no se tragó la expresión de sorpresa, el turista era actor pésimo y se notaba que fingía, que sabía que no debía tomar fotos incluso si no hubiera apreciado la diminuta señal de prohibición en la entrada a las exposiciones. No colaba: en ningún museo español que se precie se hacen fotos.
El turista guardó la cámara en su estuche de cuero, no se molestó por el tono de la cuidadora que le llamó “caballero”, al contrario, sintió alivio: ya no tendría que recopilar fotos y podía limitarse disfrutar de las piezas expuestas y a estudiar los paneles. Más tarde coincidió que la recriminadora sería la guía que el turista había contratado para visitar la Neocueva de Altamira y el Ah, ¿no se puede? con cara de sorpresa no fue mala respuesta después de todo.

–Caballero, no está permitido hacer fotos
–¿Ah, no se puede?
La trabajadora del museo no se tragó la expresión de sorpresa, el turista era actor pésimo y se notaba que fingía, que sabía que no debía tomar fotos incluso si no hubiera apreciado la diminuta señal de prohibición en la entrada a las exposiciones. No colaba: en ningún museo español que se precie se hacen fotos.
El turista guardó la cámara en su estuche de cuero, no se molestó por el tono de la cuidadora que le llamó “caballero”, al contrario, sintió alivio: ya no tendría que recopilar fotos y podía limitarse disfrutar de las piezas expuestas y a estudiar los paneles. Más tarde coincidió que la recriminadora sería la guía que el turista había contratado para visitar la Neocueva de Altamira y el Ah, ¿no se puede? con cara de sorpresa no fue mala respuesta después de todo.
Una sola vez, una sola, el turista echó en falta fotografiar el cartelito con información de los diferentes pigmentos que usaron los primitivos en la cueva; sólo esa vez, porque tuvo que apuntar los datos en su cuaderno de notas y le cuesta mucho entender su mala caligrafía que es peor cuando escribe de pie.
La visita guiada duraba media hora y el turista regresó a las salas de exposición del museo diseñado por el profesor arquitecto Juan Navarro Baldeweg. Aquel sábado nublado de agosto, otros turistas con bermudas, silletas y mochilas abarrotaban las salas pero quedaba suficiente espacio para apreciar los contenidos. Eligió un auricular frente a un vídeo didáctico y escuchó: “La Neocueva no es un sucedáneo, nada puede sustituir a la contemplación directa de una obra de arte”.

LOS COLORES DE ALTAMIRA
HEMATITES + CUARZO = ROJO VIOLÁCEO / MARRÓN
HEMATITES + CALCITA + DOLOMITA = ROJO INTENSO
GOETITA = AMARILLO OSCURO
GOETITA + CALCITA + DOLOMITA = AMARILLO CLARO
ARCILLA + MICA + CUARZO = BLANCO
MICA + CUARZO + OCRE + CARBÓN = GRIS PLOMO
CALCITA + CAOLINITA + CUARZO + CLORITA + OCRE ROJO + CARBÓN = ROSA
CARBÓN (MADERA, HUESO) = NEGRO
GOETITA = AMARILLO OSCURO
GOETITA + CALCITA + DOLOMITA = AMARILLO CLARO
ARCILLA + MICA + CUARZO = BLANCO
MICA + CUARZO + OCRE + CARBÓN = GRIS PLOMO
CALCITA + CAOLINITA + CUARZO + CLORITA + OCRE ROJO + CARBÓN = ROSA
CARBÓN (MADERA, HUESO) = NEGRO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


.jpg)

