jueves, 31 de mayo de 2012

Prometí relatar por orden los acontecimientos y aunque nadie tome en cuenta mis promesas, lo voy a cumplir.  Para justificar la demora me amparo en una ley indiscutible: “Da mala suerte al concursante comentar el concurso antes de la resolución”. Este mes de mayo he recibido la notificación oficial de la Administración Convocante que me permite publicar mi relato sin infringir la ley citada. Lo escribí hace un año y ha esperado este tiempo en el limbo de los borradores Blogger.


Nos remontamos a la primavera de 2011. La primera semana de mayo empezaron los picores. Creí que mi hígado solicitaba atenciones y me sometí a un estricto régimen de fruta, fibra, verduras e infusiones medicinales, pero los picores no cesaron; ¿otra muda de piel?, ¿otra metamorfosis?, ¿en qué me convertiría esta vez? Me preocupé.
Un día llegó la primera invitación. La policía local no supo localizar a ninguno de los agraciados en el sorteo para ejercer de presidente en la mesa electoral: en un nuevo sorteo me tocaba primer suplente. No cundió el pánico. Me cisco en la democracia, pero en el peor de los casos me ganaría sesenta y pocos euros por la tontería, bastante más de lo que había logrado en todo ese año de éxitos artísticos. Y no llegaríamos a tal punto; desconocía los motivos que alegaban otros para liberarse de esta responsabilidad, pero, en cuanto supieran que me he convertido en un sapo venenoso, me dispensarían de mis obligaciones, seguro. Además era suplente, no tendría tan mala pata.

El 9 de mayo falleció M. Gran hombre, de origen castellano, de Valladolid, más precisamente de Olmedo. Llegó a Euzkadi a trabajar, a escapar de la pobreza y sobre todo a vivir porque su familia no eligió el bando ganador y, tras la guerra civil, lo mejor era emigrar, salir del pueblo y establecerse en las Vascongadas de aquella época donde se casó y tuvo tres hijas.  El 10, en un espléndido día de primavera, fué el entierro y el funeral. Conocí a sus familiares de Valladolid con los que recordé a M. y también hablé de pelota vasca.
–En Valladolid hay mucha afición –me contaron–; tenemos un buen frontón donde se juegan torneos, sólo nos faltan los pelotaris profesionales.

No entiendo mucho de pelota, ni de otros deportes, pero una semana antes me había desplazado a un pueblo de Navarra a fotografiar la obra de un artista marginal, católico y majadero dueño de un caserón con jardín plagado de esculturas y cacharros. No encontré al artista pero me crucé con el campeón manomanista Juan Martínez de Irujo que se disponía a almorzar en una panadería-bar-restaurante, justo enfrente del caserón.
Un vecino chismoso me informaba de que el artista local no estaba en casa a esa hora, y era una gran suerte para mí porque si me veía asomando las narices a su jardín con una cámara de fotos, me arrojaba a la cabeza la motosierra, la amoladora y todas las herramientas de que dispone.
–Se le fue la pinza al hombre hace años –contaba el vecino–. Es una pena porque es un artista, mira que cosas hace, mira, ¿ves esa escultura?, ¿qué crees que es eso que le sale por ahí?
La escultura es de chapa y representa a un hombre tumbado de espaldas haciendo la bicicleta: el ejercicio gimnástico de mover las piernas boca arriba. Entre las dos piernas flexionadas sale lo que parece otra y, sobre esta, una representación clásica de pene enhiesto con sus dos testículos. Los genitales parecen aplastados contra el mástil pierna o antepene, algo indefinible que hace tan interesante la conversación con estos artistas aunque, por el temperamento huraño del que nos ocupa, el contacto resultará difícil o imposible; al menos, eso opina el vecindario que le espía con recelo, porque el elemento fálico les perturba y echan en falta una pudorosa hoja de parra en el conjunto escultórico. Hay un pene, y lo pone en el pedestal de chapa: “LU PEN”. Parece un juego de palabras con el nombre del ultra derechista francés y lo que sale de la entrepierna.
 –¿Qué te parece? –insiste el vecino.
–Pues bonito, por eso saco fotos; además, está muy claro, con el título no hay duda, eso no es otra pierna.
Martínez de Irujo llegaba al Bar Restaurante. El vecino le saluda.
 –¿Qué tal la mano?, he leído en los periódicos que todavía no andas recuperado del todo.
–No creas todo lo que escriben por ahí –le contesta Martínez de Irujo sonriendo.
Ese año no revalidaría el título. El 14 de mayo Irujo perdería 18-22 contra Olaizola II en el frontón Bikaia de Bilbao. Tampoco Olaizola II obtendría La Txapela.


Esto es lo que más o menos conté a un sobrino de M. aficionado a la pelota: que unos días antes había visto a Martínez de Irujo en imponente forma física; le predije un emocionante partido de cuartos de final, el resultado no, porque ni soy visionario ni, como ya he dicho, entiendo de pelota vasca. Del artista majadero nada hablé. No era momento para aburrir con lo del arte.
El entierro fue por la mañana, el funeral a última hora de la tarde; a mediodía habíamos almorzado y paseado por lugares que M. frecuentaba. Pasó el día. De noche, en el buzón me esperaba un sobre con mucha documentación. En la primera hoja me invitaban a participar en un concurso para colocar esculturas en la autovía. ¡Bah!, el típico apaño en el que se convoca a panolis para cumplir la formalidad porque ya saben quién construirá las esculturas. No quise leer más y me fui a la cama. Estaba triste y cansado.

A la mañana siguiente, con mirada fresca, releí la invitación para el concurso de “ornamentación de carreteras”. No perecía cerrado. En dos días nos convocaban. El punto de encuentro lo señalaba una chincheta en una imagen del Google Earth. La cita era en un descampado cerca de un antiguo puente. Pensé en Cary Grant en “Con la muerte en los talones”, esperando en el baldío, en un cruce de la nada y un avión que viene a aniquilarle. ¡Que buena idea! Convocar a escultores de autovía en un descampado, con el cebo de un suculento concurso, para acribillarlos y fumigarlos sin testigos. ¡Genial! Pero yo no soy escultor de carreteras, todavía no merezco ser fumigado por eso. Mis desmanes pertenecen a otros ámbitos.

La mañana señalada, conduje una hora hasta el punto de encuentro. Llovía. Paré en la cuneta y esperé con los limpiaparabrisas accionados. Por el retrovisor distinguí un Rover verde pistacho que, muy despacio, cambiaba de carril y paraba en la cuneta opuesta. Demasiada atmósfera Hitchcock que mitigué apagando los limpiaparabrisas. Un tipo alto salió del Rover, el paraguas abierto apuntaba hacia mí y le tapaba la cara.
–¿También has venido a esta cita rara? –me pregunta.
–Pues sí, vaya cosa ¿no? –le contesto y salgo del coche.
Nos presentamos dándonos la mano y nos reconocemos; ya habíamos coincidido en alguna otra ocasión. Pronto llegaron más artistas y un coche con distintivo oficial del que salieron dos funcionarias escoltadas por el chofer que las resguardaba con un paraguas. Bajo la lluvia nos explicaron el plan. Conduciríamos cada uno en su coche, en convoy, despacio y con las luces de emergencia en los puntos señalados.
Escampó sobre la carretera y todo se veía más claro. No aprecié ninguna preferencia, parecía un concurso limpio. Conocía a los otros artistas y hasta me caían bien. Sigo siendo un ingenuo. Los picores se intensificaron por todo mi cuerpo desde la planta de los pies hasta la coronilla.
Toda mi vida despotricando de los escultores de autovía, y ahora que se ofrecía la oportunidad ¿la rechazaría?, ¿tendría el pundonor de abandonar una oferta que me proporcionaría unas cifras providenciales en mi cuenta corriente o aceptaría el reto para demostrar a los cenutrios que se puede colocar algo diferente a una chatarra de iconos y perfiles extrusionados? Y ¿qué podía hacer? No es fácil poner un mojón que no apeste en las autovías, por eso son tan horrendos. Empezaba a pensar como uno de ellos. ¿Era esta mi metamorfosis? Tres días más tarde, una nueva comunicación en el buzón planteaba otra alternativa.

Por la presente se le hace saber que, al no poder desempeñar el cargo para el que fueron nombradas en el distrito 4 sección 6 mesa B la persona o personas designadas como titular o suplente, pasa usted a desempeñarlo como titular.
Se le hace saber igualmente que, habiéndosele notificado con anterioridad su primer nombramiento, sin haber formulado excusa que le exima del cumplimiento del cargo, no le cabe alegar ya ninguna.
A 20 de mayo de 2011

EL SECRETARIO DE LA JUNTA ELECTORAL DE ZONA
¡Arrea!, esta sí es una metamorfosis consumada. Sin comerlo ni beberlo, soy presidente.

El 22 a las 8 menos diez de la mañana llegué a la puerta del colegio electoral con la esperanza de que, en cuanto viesen aparecer un sapo de un metro ochenta, me mandarían a casa porque no es muy presentable un presidente batracio y todavía existe la superstición de que los sapos escupimos veneno a los ojos de todo el que se nos pone delante, y cegar a los electores en el momento de ejercer su legítimo derecho constitucional es, cuando menos, inoportuno, porque el “procedimiento de voto accesible” para personas con discapacidad visual debería haberse solicitado con anterioridad.
Un gordo trajeado y un flaco con jeans por encima del ombligo y camisa blanca adornada con pegatinas de marcas moteras –o sea, que ni tiene ni tendrá nunca una moto–, esperaban a que abriesen. Adormilados o tristes por la suerte de su domingo, apenas contestaron con un gesto a mis “buenos días”. Ni me miraron, siguieron a lo suyo; fijándose en la pared el gordo y en el suelo el flaco. Yo, por hacer algo, me puse a mirar al cielo. Así permanecimos algunos minutos. El gordo trajeado fue el primero en reaccionar.
–¿Os ha tocado alguna vez?
El flaco y yo respondimos que era nuestra primera vez, luego el flaco expresó sus preocupaciones.
–Mucha gente se ha buscado excusas para no venir a las mesas. Yo era suplente pero me han comunicado que seré titular porque el otro se ha librado.
–A mí me tocó suplente en un segundo sorteo porque en el primero no encontraron a nadie, y este viernes me enteré de que soy titular –conté yo.
Esto parece que animó al flaco porque dejó de mirar al suelo y empezó a observar a los que allí estábamos que ya éramos casi todos los presidentes, vocales y suplentes convocados.

La jornada transcurrió sin incidentes en mi colegio electoral que el resto del año es una ikastola. La mayoría de interventores y apoderados pertenecían al partido nada amigo de lo vasco que obtiene la mayoría en el distrito desde hace décadas. Se paseaban como Pedro por su casa, visitaban las aulas solícitos y con curiosidad, sabedores de que, hasta los próximos comicios, no volverían a pisar un antro donde se adoctrina a los niños en el idioma del demonio. Sentía que yo no era el único bicho que ocupaba este colegio aunque aún no estaba seguro de haber completado una nueva metamorfosis: todavía no sabía qué era. ¿Por qué nadie me decía nada? Quizás porque aquello estaba infestado de bicharracos. Esos apoderados no eran precisamente guapos. Se sentaban a mi lado con ojos de vampiros o de reptil de la serie “V” y me aconsejaban cómo dirigir mi mesa electoral. Una joven lagartija –que había visto en la prensa actuar de concejal– me contó que los de Bildu la estaban liando en otro colegio.
–Se presentan a votar portando pegatinas, conscientes de que está prohibida toda propaganda. Buscan provocar. Nadie les dice nada, los presidentes de mesa no se mojan ––me miraba.
Lo que ella portaba era un distintivo que sí estaba permitido. –Las pegatinas no –sentenció.
–“Tal vez todo sigua como antes y mi preocupación ante una nueva transformación sea un error. Por lo menos esta lagartija me ha identificado. Sabe que soy anfibio, que habito fuera del agua y que me mojo poco” –pensaba esto y me preguntaba si el flaco que ejercía de presidente en la sala contigua, con su camisa adornada de adhesivos Kawasaki, recriminaría a los de Bildu por el asunto de las pegatinas ilegales.

Poco antes de cerrar, un votante treintañero con mirada perdida y aspecto desaseado nos pidió un bolígrafo. Mi vocal de la derecha, oculista de profesión, le prestó el suyo; la vocal de mi izquierda, funcionaria administrativa jubilada, preguntó a voz en grito que para qué quería alguien un bolígrafo si no se debe escribir en las papeletas como no sea para ejercer un voto nulo, ¡pero qué gente hay por ahí, por Dios! El hombre se encerró en la cabina para votar en privado. Oímos remover papeletas, garabatearlas, arrugarlas. Al cabo de unos minutos salió con mirada desafiante y las papeletas en sus sobres cerrados. La oculista le pidió educadamente el carnet de identidad, el votante rebuscó en su cartera y nos enseñó un documento que no es original ni por tanto válido: un DNI obtenido desde otro escaneado, impreso en papel fotográfico y plastificado. Podría ser falso aunque no lo creo. Supuse que era una copia que lleva para no perder el original o por cualquier otra manía de un tipo con ojos de pirado que no tengo por qué entender. Nadie más se dió cuenta, ni la oculista, ni la administrativa jubilada ni el apoderado encorvado y con incisivos torcidos, el vivo retrato del Nosferatu de Murnau, que había relevado a la lagartija en su puesto.

Durante el recuento apareció el voto nulo: la palabra “SABANDIJAS” escrita con bolígrafo y letras mayúsculas de desigual tamaño ocupaba toda la papeleta en sentido horizontal. Los apoderados que asistían al escrutinio rieron con suficiencia. No se daban por aludidos, creyeron que era un insulto a sus dirigentes políticos pero yo sé que no, sé que el iluminado del carné escaneado nos había reconocido, a mí y a las demás sabandijas, porque los niños, los locos y los borrachos no disimulan y, si el emperador va desnudo, lo dicen y, si la mesa electoral está presidida por un sapo acompañado por reptiles y chupasangres, lo escriben en la papeleta para que quede constancia. Más que un pirado, el tipo con ojos de indignado era un visionario, y me tranquilizó saber que seguía igual, que no se habían materializado nuevas metamorfosis en mi organismo.
Al día siguiente estaba agotado, la dieta de sesenta y pocos euros no cubría el desgaste de una jornada electoral. No estoy de acuerdo con la propuesta que tantas veces escuché en el colegio, la de elegir a los integrantes de la mesas entre los parados. La tuve que oír de mil maneras diferentes y nunca me sonó bien, mi agotamiento del día después me reafirma: además de parados, explotados; no lo veo justo. Para convocar a parados, habría que subir la dieta; ofrecer un salario acorde con las horas y el esfuerzo invertido. Si el estado puede soportarlo bien, si no, no es buena idea.
Me quedaron pocos días para diseñar los proyectos de escultura y ornamentación de carreteras, autovías y variantes. En eso estuve ocupado, entregué en plazo y esperé el veredicto; esperaba una respuesta de las funcionarias, ya nada me picaba aunque, por mi anhelo de convertirme en escultor de mojones, emprendía el verano con crisis de identidad.

COYUNTURA ACTUAL  Y CONCLUSIÓN

Notificación del 8 de mayo de 2012:
Estimado amigo:
En relación con el concurso para adjudicar los motivos ornamentales de las Variantes de autovías, en el que usted participaba, le informo que debido a la coyuntura económica actual, esta Administración ha decidido no continuar con dicho concurso.

En consecuencia, puede pasar a retirar toda la documentación, bocetos, maquetas, etc, que usted presentó.

Agradeciendo su colaboración, atentamente

LA DIRECTORA DEL SERVICIO DE FRUSTRACIÓN

Agradezco a La Directora su delicadeza por no colocar adjetivos delante de “coyuntura económica actual”.
Respecto al lema “Da mala suerte al concursante comentar el concurso antes de la resolución”, no afirmo que sea cuestionable, pero he comprobado que seguirlo a rajatabla no garantiza una resolución favorable; es más, ni siquiera garantiza una resolución.


Elaborado ejemplo de proyecto para ornamentación de carreteras

jueves, 19 de abril de 2012

Los pensamientos de un pez compasivo en 1927


"Se diría que el cine debe acabar por emprender el nuevo camino del color y del cine hablado, de los cuales han dado recientemente convincentes demostraciones. ¡Pero no es así! El arte se habitúa fácilmente a la convencionalidad. No se siente ninguna necesidad de pasar del libro impreso al libro hablado. Hoy el cine dispone de un público mundial, todos van al cine, el espectador está satisfecho del cine en blanco y negro y acostumbrado a él. La introducción del color marcará para el cine un paso atrás.
Es interesante observar que la cinematografía americana no se sirve del color, o sea, no nos da una noche azul o verde, y un incendio rojo.
Sin embargo los instrumentos para el cine en color ya se encuentran en las oficinas de las compañías.
Estoy convencido de que no tendrán amplia difusión, así como tampoco tendrá éxito la voz en el cine.
La misión del arte es preferentemente la de acumular los convencionalismos y no la de evitarlos.
La convencionalidad, ya tantas veces explicada, acaba por actuar de manera automática: su importancia aparece evidente una vez que se descuidan todos los elementos intermedios.
El cine seguirá el camino de un constante aumento de convencionalidad.
Los Films americanos contemporáneos se sirven frecuentemente del “fundido” para mostrar que un determinado momento pertenece al pasado.
Esto es muy importante cuando se tiene un montaje complicado, cuando el realizador utiliza en gran escala los saltos cronológicos.
En el film americano la tristeza se expresa por una toma desenfocada. En un principio estos convencionalismos tenían una motivación semántica: el fundido nació como expresión en imágenes del recuerdo que se presenta a la memoria. Al principio un film desenfocado podía quizás representar “un mundo visto a través de las lágrimas”.
Pero ahora el espectador acepta todas estas convenciones al igual que nosotros las formas gramaticales de una lengua conocida.
Actualmente, en el cine, no es la voz lo que hace falta, sino la “imagen”, la alegoría.
No creo que el cine consiga conquistarla, aunque por otra parte he visto en algunos Films imágenes de tipo metafórico; así, por ejemplo, en el film de Mozzuchin, L’enfant du carnaval, conocido también en Rusia, vemos sobre la pantalla una bola que corre por una ruleta, y en el encuadre sucesivo aparece en su lugar un corro con un payaso bailando en el centro. Esta coincidencia es fruto evidentemente de un cálculo del realizador y pese a su elementalidad es interesante, al menos como tentativa.
...Pero es posible que todas mis ideas sobre el cine se parezcan a los pensamientos de un pez que siente compasión por los hombres porque tienen pies en lugar de aletas, tan cómodas e indispensables.

Título original: O zaconach Kino en Russkiy sovremennik, n.º 1, 1927."
Las leyes del cine, páginas 103 y 104. Artículo comprendido en el volumen Cine y lenguaje. Viktor Sklovski. Cinemateca Anagrama n.º 5. Editorial Anagrama 1971.


The Artist. *****
Dirección: Michel Hazanavicius. Interpretación: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman.
Francia. 17ª semana. 100 minutos. (Apta). Drama.

Hollywood, 1927. George Valentin es un célebre actor de cine mudo al que todo le sonríe, pero la llegada del cine sonoro marca el final de su carrera y le lleva a caer en el olvido, mientras la joven extra Peppy Miller empieza a ser propulsada hacia el firmamento de las estrellas.
 De la sección Cartelera de Diario de Noticias. 













































sábado, 14 de abril de 2012

La mujer que una tarde confesó que detestaba el color verde


18 x 13 cm. Acuarela



–¿De qué color son mis ojos? –preguntó él.
–Son verdes –dijo ella.

(antigua conversación telefónica) 


domingo, 1 de abril de 2012

Añoranza


Se acabaron los días de piscina. Recuerda cuando pensabas ir después de una siesta que te había dejado pegado en el sofá, recostado a lo largo, forzando las cervicales con la cabeza sobre un reposabrazos y los pies sobre el otro. No te decidías, ya eran las cinco de la tarde; qué pereza llegar al vestuario, cambiarte en la cabina, después, buscar un sitio en la hierba: te gustaba disponer de una silla para dejar la toalla debajo de un árbol pese a que los insectos te salpicarían el cuerpo de ronchas de picaduras. Imaginabas el agua tibia, nadar a crol en la piscina, expulsando el aire muy despacio, escuchando explotar las burbujas que nacían bajo el agua de tu boca y tu nariz y saltaban a la superficie, una superficie muy suave, una sábana de seda que te acariciaba los hombros con cada brazada. Lo peor era el vestuario. Nunca pisabas descalzo el suelo del vestidor mientras te quitabas los zapatos, te calzabas las chancletas, te sacabas la ropa y te ponías el bañador. Harías equilibrismo para no apoyar las posaderas en el taburete de apariencia aséptica sí, pero vete tu a saber; y luego guardarías la ropa en una taquilla que ha usado cualquier socio del club, porque es un club privado, higiénico y seguro, pero qué harías con el reloj, ¿lo dejarías en la muñeca o lo esconderías en un bolsillo del pantalón junto a las otras pertenencias? Y el protector solar estaría caducado, tendrías que pasar por una farmacia, comprar otro nuevo, uno sin perfume. La farmacia, el vestuario, qué pereza: las cinco y media y todavía repantigado en el sofá. Leerías un poquito más del libro que cayó abierto sobre tu pecho antes de sucumbir al sueño vespertino. No te decidías, este día ya no irías. Si al día siguiente salía nublado, te arrepentirías por no haber aprovechado una tarde tan soleada aunque es mejor cuando está nublado y hace calor, con la piscina vacía, casi toda para ti, puedes nadar largos y largos sin que el sol te queme, nadar de espaldas, cara a las nubes, sin deslumbrarte, contemplado las ramas cargadas de hojas muy verdes y alguna marrón despistada que se cae de los plátanos en verano. Aunque, para no deslumbrarte, mejor irías al estudio, terminarías una escultura, pintarías algo, harías orden; no te quedarías leyendo noveluchas, no te sentarías delante del ordenador, apagarías el televisor. ¿Qué harías?: saldrías a dar un paseo. Sí, hacía buena tarde. Te desperezabas y te oías hablando solo: “Tú no tienes remedio, ya lo dijo Fernando Francés: este tipo es un vago que nunca llegará a nada.” ¿Cuándo dijo eso?, según te contaron, cuando valoraban los dossieres de un concurso al que ni te habías presentado, ¿si no te presentabas porque lo dijo, porqué te nombró?, otro jurado, un director de un museo habló de ti porque alguien presentó algo que le recordó a una obra tuya y entonce el crítico, o lo que sea, salto como un resorte, lo cierto es que otros jurados te defendieron pero F.F. tenía razón, no llegarás nunca a nada y lo sabes. Hasta entonces no sabías adónde tenías que llegar; ahora que te digan dónde está Nada y te das un paseo hasta allí, de paso bajas el colesterol; no llegarás, eres consciente de tu pésima orientación pero por lo menos harás ejercicio, ¿no se trataba de eso?

sábado, 10 de marzo de 2012

CONFABULACIÓN

He abierto la cajetilla por la línea punteada en el cartón, he rasgado el sobre de papel de aluminio y no veo los rabillos de galleta: han saboteado mis mikados. El chocolate llega hasta el final y presenta un corte abrupto, los han roto por allí, por donde acaba la funda de chocolate. Han partido los apéndices de galleta que no manchan los dedos y que deberían asomar siempre que abrimos una cajetilla. Han sido mutilados en un acto de vandalismo antisistema. Comer estos micados supondrá embadurnarme los dedos irremediablemente. ¿Sabotaje? ¿Boicot? ¿Por qué hacéis esto, cabrones? ¿Por qué rompéis los rabillos de mis Micados?

sábado, 18 de febrero de 2012

Veamos un trocito de la delicada actualidad

El martes de la semana pasada, en Los Desayunos de TVE, Ana Pastor presentaba a los tres periodistas que iban a analizar la actualidad: dos señoras y un señor que nos explicarían la difícil situación económica y la posición de los países del euro ante un nuevo préstamo a Grecia. Vivimos tiempos complicados en los que los expertos tienen mucho que explicar. Pasan los minutos y Ana Pastor indica el momento de comentar los personajes del día en la prensa nacional. El primero es Alberto Contador. Los tres analistas le defienden a capa y espada. La sentencia por el dopaje es exagerada, toda la prensa internacional lo reconoce, toda menos la francesa por supuesto, pero ya sabemos que los franceses nos tienen una tirria que paqué porque no ganan un Tour ni un Roland Garros desde décadas. Envidia y tiña porque les damos mil vueltas, coincidían los tres expertos analistas de esta delicada situación económica que atravesamos. Después de Contador la figura destacada es Tàpies. El pintor Antoni Tàpies ha fallecido el lunes por la tarde. Mala noticia para la cultura española y la catalana. Me da la impresión de que en este punto los expertos se destapan como menos expertos. Pero quién soy yo para discutirles nada. Si el Arte del siglo XX no entra en sus dominios será por algo, ellos son los expertos, ellos ponen todo en su lugar. Desde luego yo no soy analista y por algo desayuno en mi casa y ellos en TVE con Ana Pastor. El arte de Tàpies tendrá el valor que ellos otorguen. Una de las señoras dice que Tàpies era el pintor abstracto español vivo más importante. ¿El pintor abstracto más importante quiere decir que hay otro pintor español, figurativo o realista y vivo, tan o más importante que Tàpies? Hasta ese momento yo pensaba que Tàpies era el más importante sin más; el artista español vivo más importante, con la obra más cotizada y con un lugar destacado en los manuales de Historia del Arte. Y pensaba que estos datos –la cotización de la obra y el número e importancia de citas en la Historia del Arte– eran objetivos. Pero esta experta analista de la delicada situación actual internacional, que se lee los periódicos de pe a pa y que no se salta ni un suplemento de cultura, parece que sabe de otro artista tanto o más importante. La otra periodista es una señora teñida de rubio claro que no es rubio platino sino gualda y que, como otras rubias expertas del mismo tinte político, conjunta su color de pelo con vestimentas rojas. Lleva un jersey de pico rojo y luce un saludable aspecto patriótico. Le preocupan las declaraciones del presidente de la Generalitat. Le parecen excluyentes y restrictivas para la figura de Tàpies que es internacional y no sólo un catalán. Dice algo parecido porque ahora esta señora disfrazada de bandera española se muestra súper internacional. Porque una cosa no quita la otra. Minutos antes, Ana Pastor nos había leído esas declaraciones del President en la portada de la Vanguardia: “Ha sido el artista más radicalmente catalán en su pensamiento, su expresión y sus referentes, y a la vez el más universal por su lenguaje y su proyección internacional”. Yo no entiendo del todo a esta señora tan experta y rojigualda. Y ahora viene el señor de en medio. Es director del ABC. Anuncia que su periódico sale con un dibujo de Tàpies en la portada. Un dibujo que les hizo en su momento, especialmente para ABC y por eso lo publican. Supongo que el pintor les cobraría un pico por este dibujo y lo tienen que amortizar, pero yo no debo suponer nada, no soy experto ni analista. El director de ABC lo cuenta a su pesar, lo tiene que soltar, se lo dice a Ana Pastor y lo comparte con todos los que desayunamos delante del televisor: “bueno a mí la obra de Tàpies no me entusiasma”. Vaya por Dios. O sea que no le apasiona. No le gusta Tàpies a este señor de en medio en calidad de experto analista de la delicada situación actual. Y yo me pregunto por qué debo saber que el arte de Tàpies no entusiasma al señor de en medio. Si lo ha dicho será por algo. No creo que este experto analista necesite un curso de hablar en público. Yo sí, yo hice uno, les confieso ahora. Hace unos meses asistí a un curso de hablar en público y nos enseñaron a no emitir opiniones innecesarias. Por eso sé que esta opinión del experto analista de la delicada situación actual no puede ser innecesaria. Un señor de en medio no da puntadas sin hilo. A mí, que soy muy inexperto en delicadas situaciones actuales, me ha parecido una opinión desconsiderada, injusta sobre todo si la comparo con el trato que antes ha recibido Contador. Tàpies no hizo nada malo la tarde y noche pasadas, sólo se ha muerto, mientras que Contador ha sido condenado por un comité de deportes internacional demasiado severo o injusto según estos expertos, eso sí. Quizás lo que pretenden hacerme entender es que el Clembuterol es más actual que el Informalismo. Sin duda, es eso. Luego siguen con Grecia. Lo de Grecia es un buen lío que nos va a salpicar aún más. Aguanta la respiración y ajústate los machos, me dice todas las mañanas un batallón expertos de la delicada situación actual que desfila por Los Desayunos de TVE.