sábado, 7 de mayo de 2011
lunes, 2 de mayo de 2011
Noche de insomnio
Esta madrugada tocaba insomnio. Cosas que pasan. Yo en la cama, acosado por el insomnio, mientras en Asia abatían al criminal más buscado del planeta. Me levanté y puse la televisión donde esperaba encontrarme con Vicente Vallés y la emisión en diferido de “La Noche en 24 Horas” que me ha acompañado en otras sesiones insomnes, pero me topé con Julen Lopetegui que analizaba los partidos del siglo Madrid-Barça y viceversa. Se recalentaba motores para le eliminatoria del martes y a mi me asaltó una enorme duda, como siempre; ustedes perdonen por mis dudas persistentes y por mi expresión grosera, pero no sabía si la resolución de esta semifinal de la UEFA Champions League me la pela, me importa un rábano o ambas cosas a la vez. Decidí aplazar la resolución de mi gran duda hasta el martes después del partido y me volví a la cama con mi insomnio en el momento en que, según las agencias de información internacionales, el helicóptero de un comando justiciero sobrevolaba la guarida del malhechor.
domingo, 10 de abril de 2011
Cada cual en su línea
–Como si nada, sin dramatismo; has dado un paso al frente y te has sumido en una niebla, pisando sobre vacío, pero no te has precipitado hacia abajo. Un paso atrás y la niebla se disipa, has vuelto al borde del precipicio. Lo intentas de nuevo, ahora te lo piensas, le pones esmero, pero tampoco caes, es incomprensible, estás estancado en tu altura, incapaz de descender otro plano. A tu izquierda y a tu derecha otros sí caen; se estrellan y se levantan, los ves avanzar, perderse en el horizonte de un nuevo plano de conocimiento. Te dejan atrás, en tu cornisa. Cada vez que lo intentas vuelves a quedar suspendido en la niebla, saltas y pataleas, empujas debajo de tus pies pero no lo consigues; no sabes caer, la gravedad no te responde, no puedes doblegarla. ¿Eres idiota? Suspendido en el vacío no tienes vértigo, el vértigo aparece cuando retomas la cornisa en el borde del precipicio y la niebla se esfuma, y aprecias un terreno inalcanzable, y, metros más abajo, ves a los otros caer, romperse la crisma contra el solar inferior; el vértigo llega cuando la niebla se va y eres consciente de que no entiendes nada, de que hay planos para ti vetados que otros alcanzan tan solo dejándose caer; es tan fácil como dejarse caer, te gritan, déjate caer, no seas bobo, y se dan la vuelta, se marchan, empequeñecen hasta fundirse en un punto del horizonte, y desaparecen porque vuelven a saltar, porque la línea de horizonte es otra cornisa, otro desnivel y si el horizonte reverbera es porque no todos saltan, es porque, allí, los puntos que se mueven son los idiotas más listos que tú que titubean de rodillas al borde de un precipicio por el que no saben caer más.
Nimbado es la palabra. Estas nimbado y tu aureola es una nube tonta que no es alta como un cirro ni romántica como un cúmulo: la nube que te envuelve es un nimbo bajo que no produce precipitaciones y no te deja ver nada aunque a ratos se abre y parece que entiendes algo, que sentirás el vacío y caerás por el resquicio, pero se cierra de pronto y te quedas nimbado, decepcionado entre el blanco y el gris de una nube que nada inunda porque ni llueve, ni nieva, ni graniza como cualquier nimbo normal; no produce precipitaciones, permaneces estancado en tu nube defectuosa.
Si sospechas que vives en un cuento borgiano, es porque no entiendes lo que sucede. Te has pasado la vida descendiendo, saltando terrazas, avanzando hasta un límite que no buscabas y que has encontrado, o más bien, el límite te ha encontrado a ti. No entendías bien a Borges ni a su legión de borgianos, tampoco seguiste a Oteiza y eso que en tu pueblo hubo más de mil oteizianos, uno de ellos se había forjado su propio equipo de acólitos: los txominianos, a quienes nunca prestaste demasiada atención hasta que te adelantaron por todas partes, terraza a terraza. Y consideraste las propiedades mefíticas de “-ano” en cuanto sufijo de adhesión. Encontrabas cantidad de adeptos parados al borde de un precipicio y les decías salta no seas bobo, no seas borgiano ni oteiziano ni txominiano ni duchampiano ni picasiano, no seas cagón, libérate del “-ano”. Algunos te adelantaron como un cohete, y no les has vuelto a ver, pero crees que están allí en la línea de horizonte, los imaginas asustados pero orgullosos de haber llegado tan lejos sin pensar demasiado, inspirados por la doctrina. En cuclillas y de espaldas, asoman la cabeza al otro precipicio y ves sus traseros que reverberan por la línea de horizonte. Han llegado lejos, pero allí de cuclillas ya no saltan ni lo intentan, ni siquiera están nimbados como tú por una nube estúpida. Eso que ganas por idiota sin “-ano”, por tonto particular. Te has mantenido en tu línea y ahora estas al borde. Eres borderline. Te veo en el límite, como a los que dejaste atrás y a los que vislumbras delante en el horizonte; en vuestra línea, a vuestro nivel, sois todos borderline. Pero no quería concluir con calificativos, no pretendía insultarte sino apuntar las satisfacciones de un esfuerzo intelectual infructuoso, de buscar soluciones y no encontrarlas. Tu cabeza echa humo, la coronilla te pica, las sienes palpitan, las ideas escuecen en la nuca igual que si acabaras de engullir una cucharada sopera de mostaza. No encuentras la solución aunque a veces la nube se abre, te deja entrever algo que olvidas, y vuelves al principio, reinicias la operación, buscas, piensas, sientes algo que no es vértigo aunque se parece, y no caes. No caes, no encuentras la clave del problema. Es una buena experiencia, recuerda que otras veces encontraste un resquicio, un agujero en la nube por donde caíste al vacío y pudiste avanzar hacia un nuevo horizonte. No lo dejes, tienes que saltar, entrar una y otra vez en la nube, quizás un día te vierta sobre un nuevo continente, te sorprenda con una precipitación de lluvia, granizo o nieve inesperada. No lo dejes, no lo dejes nunca. La clave está en la intuición.
Fofito Grillo se calla al fin. No era un sueño, a veces viene Fofito Grillo a visitarme, a golpear mi conciencia y recordarme que no me ocurren cosas distintas a los demás. Aprecia mi idiosincrasia, pero dice que a los ojos de un grillo todos somos parecidos. Hay muchos fofitos, me dice, todos somos fofito de alguna forma –es un grillo pedante–; igual que todos eran Espartaco al final de la película de Stanley Kubrick.
–No te entiendo, ¿al final todos somos gladiadores, o todos somos borderline?
–¡Espartaco no era borderline, era estratega avanzado!
–Claro, en una película de romanos, hablarían latín, no podrían ser borderlines, ¿cómo se dice borderline en latín?
–Escucha, si muchos gladiadores eran bárbaros, alguno vendría de Britania, del territorio que hoy es Inglaterra, y hablaría algo parecido al inglés, sería proto-inglés y, por qué no, un borderline, ¡y punto!, no es eso lo que quiero aclararte. ¡No me líes!
Fofito grillo levanta la voz. Tiene muy mal carácter. Hace 12 años que nos conocemos y ya me tiene harto, sustituyó a mi vieja conciencia pero estoy pensando en despedirle porque, aparte de su mal humor, se pierde por las ramas, habla demasiado, se dispersa, y nunca va al grano. Todo este rollo para recordarme que me cuesta comprender y seguir un hilo. Yo ya se que tengo mis limitaciones y mis gustos, pero he releído “El Aleph” y “El inmortal” de Borges y me han gustado aunque los he encontrado tan áridos como siempre; con los oteizianos y los txominianos ya tengo bastante aunque les daré otras oportunidades, te haré caso, Fofito Grillo, intentaré comprender al artista difícil sin concesiones, pero ten paciencia, por favor, ya sabes lo que me cuesta. Si no, mira este cideoclip que dirigió Sofía Coppola y protagonizó Kate Moss y dime cómo distinguiré si son txominianas u oteizianas tras analizar los meritorios ejercicios sobre la caja que exhiben al principio del clip. Sí, ya se. Ya se que soy simple y convencional, no hace falta que grites, Fofito Grillo, ¡qué carácter!, al fin y al cabo lo de reinterpretar una caja metafísica como pedestal para figuras eróticas es algo que también vi en exposiciones de Txomin; no es para tanto.
Fofito grillo levanta la voz. Tiene muy mal carácter. Hace 12 años que nos conocemos y ya me tiene harto, sustituyó a mi vieja conciencia pero estoy pensando en despedirle porque, aparte de su mal humor, se pierde por las ramas, habla demasiado, se dispersa, y nunca va al grano. Todo este rollo para recordarme que me cuesta comprender y seguir un hilo. Yo ya se que tengo mis limitaciones y mis gustos, pero he releído “El Aleph” y “El inmortal” de Borges y me han gustado aunque los he encontrado tan áridos como siempre; con los oteizianos y los txominianos ya tengo bastante aunque les daré otras oportunidades, te haré caso, Fofito Grillo, intentaré comprender al artista difícil sin concesiones, pero ten paciencia, por favor, ya sabes lo que me cuesta. Si no, mira este cideoclip que dirigió Sofía Coppola y protagonizó Kate Moss y dime cómo distinguiré si son txominianas u oteizianas tras analizar los meritorios ejercicios sobre la caja que exhiben al principio del clip. Sí, ya se. Ya se que soy simple y convencional, no hace falta que grites, Fofito Grillo, ¡qué carácter!, al fin y al cabo lo de reinterpretar una caja metafísica como pedestal para figuras eróticas es algo que también vi en exposiciones de Txomin; no es para tanto.
Y estoy muy de acuerdo con el título de la canción, yo tampoco se qué hacer y, como tú bien dices, a mucha gente le pasa lo mismo como demuestra esta colección de performers que tampoco saben qué hacer con ellos mismos.
martes, 1 de marzo de 2011
Once upon a time in the West Bruce Springsteen
Yo también amo a Ennio Morricone y me apunto a la mayoría. Me lo recetó el psiquiatra. Apúntate a la mayoría, me dijo, no seas bohemio, acude a manifestaciones, piérdete en las multitudes, siéntete arropado, pruébalo, no seas rancio; no estés siempre solo, sé feliz.
Aún tengo mis dudas como siempre; por eso fui al psiquiatra, por inseguro. No te preocupes, me dijo, la inseguridad no es mala, por lo menos has acertado, has venido a un psiquiatra en vez de a un psicólogo, tu elección es un síntoma alentador, no estás perdido. Sí, pero esta versión de Bruce Sringsteen me desazona, al principio lleva prisa y luego va despacio, es lento y me pone nervioso; me gusta la guitarra, doctor, pero no sé… ¿Usted sabe cuántos ventrículos y aurículas tiene Bruce Sprigsteen?, ¿los mismos ventrículos y arículas que Ennio Morricone?, ¿quién tiene mas ventrículos?, mi corazón no late al ritmo de Bruce, algo falla, no veo a Claudia Cardinale, ¿qué me dice doctor?, ¿qué puedo hacer? Visite a un psicólogo, sentenció.
domingo, 27 de febrero de 2011
1/2 HUELGA GENERAL (más o menos)
Mi primera actividad laboral tras despertar de mi letargo fue una huelga. La huelga general. Un artista primero aletargado y después en huelga general. Romperé con la pana, se va a enterar este país.
Hace ya un mes de esto y así es como recuerdo mi jornada de huelga:
A la 9 me levanto, me ducho y bajo a la cafetería a desayunar mi expreso de las mañanas. La cafetería está abierta pero con las cortinas echadas y las luces apagadas porque a las 8 a .m. ya han pasado dos veces los piquetes informativos. Vivimos en un barrio obrero, le pregunto a mi cafetera si me sirve, mi cafetera me invita a pasar en voz baja. Con la luz apagada me tomo un café clandestino. No es la primera vez, en otras jornadas revolucionarias también desayuné café clandestino a oscuras preparado por mi cafetera esquirola. ¿Pero qué quieren los piquetes?, ¿que hagamos huelga dormidos?, ¿obligarnos a beber café casero preparado en cafeteras Magefesa o similares? Un poco de comprensión, por favor. ¿No será mejor empezar la jornada reivindicativa con buen sabor de boca? Me termino el café deprisa porque los piquetes llegan a informar por tercera vez. ¿No vas a cerrar? Sí, sí ahora cierro. Vale, date prisa.
Se va a enterar este gobierno. Me dirijo al centro de la ciudad y encuentro un montón de bares abiertos, los piquetes informativos han informado a medias, o no les hacen caso estos esquiroles, o los piquetes mantienen un convenio diferente con los expendedores de cañas y anís que con los de café expreso. No lo se, pero a estos bares abiertos nadie les insiste. Yo no entro, hoy no quiero vino que estoy de huelga; se van a enterar.
Llego a la plaza, una multitud ordenada y con banderas entra por otra calle paralela a la mía. Vienen en manifestación desde un punto de la ciudad. La multitud se pierde, no veo el final entre las calles. La plaza es rectangular, en un costado, la policía se separa a unos cuatro pasos en dos grupos. Con casco blanco los nacionales, con casco rojo los autonómicos. Exhiben gualquitalquies y algún trabuco para pelotas de goma y botes de humo. Se les ve tranquilos, son pocos, una veintena en total y no se prevé conflicto, y si lo hubiere se poyarán en los gualquitalquies.
Camaradas vamos a reventar la plaza, grita el de la megafonía, a ver camaradas, dejad pasar no bloqueéis la entrada que viene mucha gente, al fondo de la plaza hay sitio, dejar paso, vamos, que vamos a reventar esta plaza. Los manifestantes obedecen que da gusto. La plaza se llena ordenadamente, ¿por qué no hacemos esto en el autobús?, ¿por qué la gente no hace caso al conductor y se apelotona a la entrada bloqueando el paso de más viajeros cuando el fondo queda vacío? Quizás porque el día a día está plagado de esquiroles. La plaza se va ocupando solidariamente, sin colapso en la entrada, pero el del megáfono insiste, a ver los que están junto a esos árboles al lado de la cabina del parking, dejad pasar, no os quedes ahí taponando, quedan muchos compañeros por llegar, no os quedéis ahí, hay mucho sitio aquí, detrás de mí, vamos, vamos a reventar esta plaza. Insiste en euskera y castellano. Casi todos obedecen. Por ahí llegan los de la CGT enarbolando sus colores rojo y negro, y los de la CNT que todavía existe, mira tú. Hay banderas y pancartas, el negro, el rojo, el blanco y el violeta flotan por encima de las cabezas. El rojo predomina, se asienta en muchas cabezas femeninas, no hablo de ideologías, me refiero a los tonos rojos, granates y variaciones hasta el burdeos con que se tiñen las cabelleras de muchas manifestantes. Tintes y genas revolucionarias. Más ideológicas que estéticas me parece a mí. Pero quién soy yo para cuestionar estos estilismos. Que le pregunten a Llongueras, yo bastante tengo con lo mío, no me importaría disponer de algún pelo más en mi cabeza. Con este frío me van a salir sabañones en el cuero cabelludo.
El primer sindicalista habla por el micrófono pero nadie hace caso, apenas se le oye mientras los manifestantes recién llegados saludan a sus conocidos. Otra cosa es el segundo sindicalista que arenga con energía a las masas. Tiene más razón que un santo si se me permite la observación. Le aplaudo a rabiar. Mis manos entran en calor y aplaudo más y más. Qué alivio. Por fin siento las yemas de los dedos. Traigo unos guantes de calle y un calzado de invierno para ciudad. Unas botas Clarks que nada tienen que ver con las Salomón, Chiruca, Quechua, Asolo y todo el atuendo montañero de la mayoría de los manifestantes. A mi alrededor se concentra un alto porcentaje de toda la distribución de goretex de la comunidad. Y estoy helado, es 27 de enero, no he venido prevenido como para subir al K2, pero aplaudo y aplaudo hasta hacer saltar chispas. ¡No falta dinero, sobran ladrones! Es el grito de guerra para defender las pensiones. Más tarde se hace el silencio, el puño en alto y se canta un eusko gudariak solemne. Yo no, no puedo plegar los dedos porque de tantos aplausos para entrar el calor se me han hinchado como salchichas parrilleras, están envarados; no sería propio levantar ahora una mano con los dedos extendidos.
Pacíficamente nos disolvemos. Algunos salimos por un paseo perpendicular a la plaza y veo, en el escaparate de una pastelería, dos columnas blancas de pastas de canela. Las luces del escaparate no están encendidas, pero empujo la puerta y el establecimiento permanece abierto. Pido dos pastas redondas, grandes, recubiertas de azúcar glas, que la dependienta introduce en un sobre de papel encerado y salgo de nuevo al paseo. Un inmigrante magrebí reparte entre los huelguistas octavillas que no parecen muy revolucionarias. El inmigrante magrebí reparte publicidad, es un esquirol durante la jornada de huelga si un inmigrante magrebí que reparte la publicidad de un bar, o un restaurante, o una discoteca, puede considerarse esquirol. Ningún huelguista acepta sus octavillas. Y yo no tengo manos: la izquierda está ocupada con el sobre que guarda una pasta de canela, la derecha lleva la otra pasta que he sacado y empezado a masticar. ¿Qué hago?, ¿acepto la publicidad del esquirol que no tengo muy claro si es un esquirol porque, seguramente, con su economía precaria, o sumergida, o provisional, o todo esto a la vez, el problema de las pensiones de jubilación no le llegará a afectar en absoluto? Cuando paso a su lado, alargo la mano derecha (la ocupada con la pasta mordida) y con los dedos meñique y anular atrapo la octavilla que me ofrece seguida de una mirada de cumplido agradecimiento. OFERTA, llevando 4 KEBAB un litro de refresco GRATIS. DÖNER KEBAB, Bar. Servicio a domicilio. Menú Pollo asado con patatas fritas y refresco 8, 50 €. Domingo a jueves, de 12 a 24 h. Viernes y sábados, de 12 a 01h. Sábado, domingo y festivos de 05 a 08h. Esto me resulta un poco raro, y no es una errata, o sea que los festivos y los sábados ofrecen KEBAB de madrugada para trasnochadores, para desayunar, para empapar el alcohol, para borrachos y magrebíes abstemios, para todos juntos en comunión y armonía; borrachos cristianos, abstemios musulmanes y ateos despistados. NOVEDAD, comprando 3 unidades de KEBAB 1 unidad GRATIS.
La pasta sabe bien, mejor que las que comprábamos de niños en quioscos y tiendas de chucherías. Las que venden ahora en pastelerías son más ricas, más grandes, con más azúcar glas, y además no han subido la cifra del precio porque antes costaban una peseta (y no se llamaban pastas de canela, se llamaban pastas de una peseta) y ahora me han costado un euro cada una.
Reservo la otra pasta para mi hermana, hemos quedado a comer y se que también le gustan. Mi hermana no vive en un barrio obrero, vive en lo podríamos llamar “un barrio alto de la ciudad”. Aquí todo está abierto, aquí nadie hace huelga. La casa de mi hermana era la casa de nuestros padres y la de nuestra infancia, por eso me conocen en el barrio. Entro en la cafetería-panadería de Raquel. Necesito un café para entrar en calor y para digerir la pasta que se me ha quedado pegada en el esófago. Frente a mí, al otro extremo del mostrador hay un tipo con atuendo de albañil delante de un carajillo y que habla, en voz muy alta, sobre las virtudes adhesivas de la resina epoxi con una pareja que parecen del barrio y visten abrigos caros.
‑Y a María Antonieta no se la follaba nadie ‑les espeta el del carajillo.
‑Vaya ‑dice el del abrigo caro.
‑Sí, yo estuve una vez en Versalles, y sé que se pasaban la vida jugando al escondite en los jardines, también jugaban a la gallinita ciega pero de follar nada, a María Antonieta no se la follaba nadie, y le cortaron la cabeza.
‑Yo prefiero la mezquita de Córdoba a Versalles ‑aclara finalmente la mujer del abrigo caro.
¿Qué quiso decir?, ¿que desde un punto de vista meramente arquitectónico prefiere el arte andalusí al rococó versallesco, o lo que prefiere es apreciar la arquitectura mudéjar mientras, con el del abrigo caro o con otro, se pone mirando a Cuenca?
Raquel me sirve el café con leche,
‑¿Templado o caliente?
‑Caliente por favor, necesito templarme un poco.
Los de los abrigos caros se despiden.
‑Ya me contareis como os ha ido con el pegamento epoxi ‑les grita el del carajillo.
Cuando salen, Raquel le informa:
‑Son dentistas y tienen la consulta aquí al lado.
‑Sí, pues ya te digo, con la epoxi nada se despega ‑Lo afirma golpeando el mármol del mostrador con la mano abierta. Y añade ‑: ¡Anda, si me tengo que ir, el jefe me está esperando y se va a cabrear!
‑Ya es hora, ya, Alberto ‑le dice Raquel.
Cuando sale, leo en la espalda de su chaleco de trabajo el nombre de la empresa constructora que desde hace décadas acapara las contratas de restauración de nuestra región. El logotipo es un un arco de medio punto románico junto al nombre de la constructora responsable de que todos los edificios históricos de la comunidad parezcan anuncios de Exín Castillos.
Un restaurador de murallas viejas y una pareja de dentistas, ahora puedo entender la conversación sobre pegamentos y resinas epoxi, de ahí a la vida sexual de María Antonieta y la comparación con la mezquita de Córdoba no me queda tan claro.
Raquel me mira y sacude la cabeza.
‑Hoy venía contento el Albertito ‑le dice a su empleada que está sacando unos panes del horno.
‑¿Y qué día no viene contento? ‑responde ésta resignada.
Algo del misterio se disipa: se trataba de las familiaridades de un cliente habitual, por lo demás, un poco plasta. Un entusiasta de la resina epoxi que quizá soñaba con pegar de nuevo la cabeza amputada de María Antonieta al cuerpo para luego subsanar la asignatura pendiente que le causaba obsesión. Un escalofrío recorre mi espalda. Tengo fiebre, no hay duda, se terminó para mí la jornada de huelga.
sábado, 12 de febrero de 2011
La cuarta dimensión
El hipercubo o teseracto se define como la generalización de un cubo a la cuarta dimensión. Dalí no pintó un hipercubo. Pintó el desarrollo de un hipercubo en tres dimensiones. El desarrollo de un cubo presenta sus seis caras cuadradas en dos dimensiones y el desarrollo del hipercubo de cuatro dimensiones representa sus ocho caras cúbicas en nuestras tres mundanas dimensiones. Yo nunca vi un hipercubo porque mi cerebro y ojos de batracio no dan más de sí. Dalí era un genio. Tal vez sí visualizaba el hipercubo. O tal vez no; si a sus ojos saltones les correspondiese otro cerebro de batracio, no le importaría lo más mínimo no poder verlo para hablar del hipercubo y pintarlo con toda naturalidad, o naturalismo.
¿Quién ha visto un hipercubo?, ¿os acordais de Jimenez del Oso con aquellas ojeras prominentes?, ¿vería Jimenez del Oso los hipercubos? Hay que tener párpados desarrollados, párpados en 4-D cuyas formas abultadas sumen el volumen de una hiperesfera para compensar un cerebro terrenal y entender que ese cubo dentro de otro cubo que llaman hipercubo es más una proyección del hipercubo que el hipercubo mismo. Algunos escultores lo obvian y plantan monumentos con esa forma de escultura hipercubo. Son de las estructuras más feas que nos podemos topar. Como un búnker en hormigón, piedra o mármol: no tienen cuatro dimensiones.
Dalí defecaba por las mañanas aquellos cuernos de rinocerontes incoloros e inodoros, en Portlligat, los días de gracia, que eran muchos. Yo ahora creo que eran fracciones de un monstruo de cuatro dimensiones que llevaba dentro. Un cuerpo de cuatro dimensiones no podríamos verlo en nuestro mundo de tres, sólo podríamos apreciarlo en algunas partes sublimes, como esos cuernitos ultradimensionales que surgían de los intestinos del divino ampurdanés.
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