viernes, 2 de diciembre de 2011

Buscaban hombres

Letrero en la entrada del pabellón de Chile en la Bienal de Venecia de 2011

“Men wanted for hazardous journey. Low wages, bitter cold, long hours of complete darkness. Safe return doubtful. Honour and recognition in event of success.”
Anuncio atribuido a Shakleton para reclutar integrantes de la Expedición Imperial Trans-Antártida en 1914 a bordo del Endurance.

“Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, regreso a salvo dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito.”
Anuncio que reprodujo el artista chileno Fernando Prats para su proyecto titulado “Gran Sur”, y que materializó en letrero luminoso en la fachada de la Casa America de Madrid, en el paisaje de la Isla Elefante en la Antártida y en la entrada al pabellón chileno de la pasada edición de la Bienal de Venecia.
Buscaban hombres y los encontraron. Más de 5000 valientes respondieron al anuncio de Shakleton. Finalmente completaron su expedición 28 hombres.
Entre los que acudieron al anuncio de Fernando Prats, encontramos a un intrépido Fernando Castro Flórez que también sobrevivió a las penalidades 97 años después del viaje del Endurance. Todos sobrevivieron, así que nuestro aguerrido extremeño a la par que crítico, profesor de estética, humorista, pendenciero y colaborador en programas de tv como “El  Intermedio” y “Lágrimas en la lluvia”, podría relatarnos con la solvencia de su prosa algunos detalles de la aventura. Podría precisarnos si el sueldo era tan bajo como el que proponía Shakelton, si el frío, tan extremo, cómo se orientaron en los meses de profunda oscuridad, y describirnos la angustia, el estímulo del peligro constante y, si se siente a salvo y con éxito, el honor. Podría explicarnos el honor ¿En qué consiste el honor? Si lo conoce.

Hoy ha sido noticia otro chileno: Nicanor Parra. He sabido que nació el 5 de septiembre de 1914, el mismo año que se inició la Expedición Imperial Trans-Antártica, la expedición del Endurance. Nicanor Parra tiene 97 años. Ayer le otorgaron el Premio Cervantes.

“LA REPÚBLICA HIDEAL DEL FUTURO
 
Suprimiría los premios literarios
 Pues no somos caballos de carrera
 x un deudor feliz
 Cuántos acreedores postergados…”


“QUÉ ME PROPONGO HACER CON TANTA PLATA?

 Lo primero de todo la salud
 En segundo lugar
 Reconstruir la Torre de Marfil
 Que se vino abajo con el terremoto

 Ponerme al día con impuestos internos

 Y una silla de ruedas x si las moscas


“MENTIRÍA SI DIGO QUE ESTOY EMOCIONADO

 Traumatizado es la palabra precisa
  La noticia del premio
                                   me dejó con la boca abierta
  Dudo que pueda volver a cerrarla.”


Nicanor Parra, de “DISCURSOS DE SOBREMESA”, Ediciones Universidad Diego Portales, 2006.

 –Él bien que se acuerda de los sapos. ¿Sabías que Nicanor Parra una vez propuso que “en lo sucesivo la palabra sapo se escriba con zeta”. ¿Y tú?, ¿has esperado a leer esta mañana en los periódicos que le han otorgado el premio Cervantes para acordarte de él, zapo Impoético? Dime: ¿por qué no has mentado antes a Nicanor Parra?, ¿no has tenido ocasión en todo este año y pico de acordarte, ni cuando mentabas cierto artefacto literario ni con todo el rollo que te traes con la impoética?, ¿por qué no has citado ningún antipoema?, ¿o crees que hace falta ser poeta para apreciar a un antipoeta?, ¿qué excusa me pones ahora para esta imperdonable ausencia? Y no me salgas con el cuento de “no se puede estar en todo”, porque no me vale.
–Ninguna, Fofito Grillo, no tengo ninguna excusa. Me resigno a recibir tu reprimenda con las orejas gachas.
–¡Tú no tienes orejas!
–Ningún anfibio tiene orejas.
–¡Vergüenza te debería dar!
–Tampoco los grillos tenéis orejas, no te pases Fofito Grillo.
–Me refiero al olvido imperdonable.
–También podías haberte acordado tú, grillo listo.
–No me vengas con esas que yo no puedo estar en todo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Republic of Azerbaijan “Relational, of Baku”

La participación de Azerbaiyán en la Bienal de Arte 2011 es una de las que se dispersan por la ciudad de Venecia fuera del recinto de los Giardini (donde se concentra la representación general de países). Se expone en Palazzo Benzon. Yo no la vi. Publico imágenes del catálogo.
 
Aga Ousseinov, "Brave Old World",
 fragment of the "In the Middle of Erewhon II" instalation, 2010
 
Aidan Salakhova, "The BooK", Marble, 70 x 40 x 90 cm, 2011
 

Nota:
Que yo sepa “Erewhon” es una novela del siglo XIX. El autor es Samuel Butler.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Ángeles en la 207

He llegado por la galería que rodea al patio en el segundo piso del edificio Sabatini. Visito la colección en sentido inverso a la numeración de las salas, no sé como ha ocurrido, he subido al segundo piso por un ascensor, he visto cuadros de Torres García, obras de Schlemmer, la salita dedicada al GATEPAC, y he pasado al espacio dedicado a la República que protagoniza el Guernica y las piezas que lo acompañaron en el pabellón español de la exposición Internacional de 1937. Todo en un conjunto de habitaciones bajo el número 206. Cuando he salido he recorrido la colección en orden, sala por sala, contando hacia atrás de la 205 a la 204, 203, 201, y de ahí el número ha saltado al 210, luego 209, 208 y ahora estoy en la 207. Una sala como cualquiera del Museo Reina Sofía. El plano es rectangular, espacioso y alargado. Paredes altas, bóveda de cañón en el techo y suelo de mármol blanco de Macael. La diferencia entre los lados largos y cortos del rectángulo es notable y en cada una de las paredes cortas sólo han colgado un cuadro: los dos cuadros que presiden la sala. Me acerco al que está a la derecha desde la entrada. No sé si miro al norte, al sur al este o al oeste: miro un cuadro solitario en su pared. Don DeLillo lo sabría y cualquier policía de un telefilm americano también: “el fugitivo conduce un Pontiac negro por la 41 en dirección norte”, dicen los policías en las películas, ningún espectador se extraña, ¿tienen los americanos una brújula incrustada en la coronilla? DeLillo empieza su novela “Punto Omega” presentando a un espectador en una sala del MOMA con esta frase: “Había un hombre de pie contra la pared norte”. Yo hace rato he perdido el norte, mejor dicho, no lo he perdido porque nunca lo he tenido y marcho por un museo donde no entiendo por qué voy en dirección inversa a la numeración de las salas, me oriento mediante coordenadas polares, coordenadas con referencias consecutivas al último punto localizado; estoy perdido. DeLillo y los policías de serial americano usan coordenadas absolutas. El espectador de “Punto Omega” está apoyado en la pared norte de una sala oscura en cuyo centro hay una pantalla traslúcida donde se proyecta “Psicosis”ralentizada hasta que la cinta dure 24 horas. DeLillo hace una descripción minuciosa de la instalación de Douglas Gordon “24 Hours Psycho”. Una gestora cultural me recomendó la novela este verano, “Todo el mudo habla del Punto Omega”, me dijo, “¿la has leido?, es increíble todo lo que se consigue sacar de la obra de Douglas Gordon. DeLillo describe y analiza con escalpelo la pieza. Yo la vi en el MOMA y pensé: ¡ya!, es Psicosis ralentizado a 24 horas, una pieza de Douglas Gordon, ¡lo pillo!, y salí a ver lo siguiente. De Lillo se detiene un montón de páginas. A todo el mundo le gusta la novela, a mí la verdad, aparte de la descripción de “Psicosis 24 horas”, no me parece para tanto. Pero merece la pena solo por las páginas de la pieza de Douglas Gordon”.
“Todo el mundo” son otros profesionales del arte, los colegas de mi amiga en la gestión cultural, críticos y algún artista, encantados de que un escritor de éxito se detenga en una pieza de arte contemporáneo. Un ejercicio magistral ante expertos en materia artística que no escriben tan bien sobre una pieza de arte, según entiendo a mi amiga. Yo creo que sé de un crítico (y amigo) que puede escribir así de bien (o casi, o mejor), lo que ocurre es que los gestores culturales más próximos a mi amiga la gestora se leen demasiado a sí mismos y se recomiendan a DeLillo porque en otras novelas les ha enseñado algo de geopolítica; y siempre les ha atraído mucho la geopolítica y las fronteras, y parece mentira que “todo el mundo” no use la palabra apropiada para referirse a la descripción minuciosa de una obra de arte visual por medio de la escritura y se pierdan dando vueltas para definir una écfrasis. Porque una descripción detallada de una obra de arte es, desde la antigüedad, una figura retórica conocida como écfrasis, y me sorprende que a “todo el mundo” de asombrados compañeros de mi amiga gestora no se le llene la boca con esta palabra que, aunque corta, no es desdeñable porque es esdrújula y a “todo el mundo” de gestores comisarios y escribientes le encantan las esdrújulas.
Yo aquí no pretendo llegar a la écfrasis –al final pondré ilustraciones de los cuadros y listo–. Sigo en la sala 207 ante un cuadro apaisado, no demasiado grande. Veo a dos mujeres en un sofá: la primera fuma sentada de medio lado con las piernas cruzadas, se inclina adelante con los codos sobre un reposabrazos, la otra se recuesta con las piernas fuera del reposabrazos opuesto y ocupa la mayor parte del sofá; hay otra mujer a mi izquierda que se sienta casi acuclillada en un escabel de patas ridículas y retorcidas en un garabato de muelle estirado, unas patas que no soportarían el peso de la mujer joven y delgada que allí se sienta. Por el límite inferior del cuadro, a mi derecha, se asoma otra joven que, con un libro en la mano, conversa con la que fuma en el sofá. Es un cuadro contrastado, de colores fríos. La luz llega a parte de las caras y produce sombras duras. Entra por una ventana que no vemos en una tarde de primavera o de otoño. La mujer sentada en el escabel lleva un vestido azul claro, las otras van de oscuro: vestidos grises o negros, una con suéter rojo y otra con rebeca granate. La escena es recogida, algo en penumbra. Me gusta el realismo desproporcionado, expresionista. Me acuerdo de en un póster que se esconde enrollado en algún rincón de mi trastero. Es de un cuadro de Christhian Shad que anuncia una antigua exposición de pintura alemana. También me acuerdo de Alexarder Kanoldt. Pero este cuadro me gusta más, representa otra atmósfera, otro país, distinto de Alemania. Los peinados, los vestidos, el color y sobre todo la cronología en esta zona del museo, me dicen que las jóvenes son españolas entre la segunda y tercera década del siglo XX. Una España insólita, de mujeres sin peineta ni atributos folclóricos, mujeres que leen y discuten; con su tiempo.
Me acerco a la cartela:
Ángeles Santos Torroella. Porbou, Girona, 1911
“La tertulia”, 1929
Óleo, lienzo. 130 x 193 cm
La pintora es una chica de 18 años. Retrataba a sus amigas. ¡Jóvenes de 1929! ¡Caray! Desde este lado del cuadro estamos lejos de su futuro e ilusiones. Su futuro ya es pasado ¿y las ilusiones? Mejor no pregunto, no estropeo el momento. No molesto más, me vuelvo hacia otras piezas de la exposición. Paseo en zigzag alternando las dos paredes perpendiculares a la de “La tertulia”. La “hoja de información de sala” me guía en mi desconcierto ante el realismo: Sala 207: “La nueva figuración, entre el clasicismo y la sobrerrealidad”. El texto informa sobre un ensayo de 1927 titulado “Realismo mágico, post expresionismo. Problemas de la pintura europea más reciente”. Anota la pervivencia del realismo y del surrealismo en la pintura española. Data el “Realismo Mágico” de la pintura posterior a la primera guerra mundial mucho antes del que se refiere a obras literarias como “Cien años de soledad”. Admito que mi desencuentro con el realismo se agudiza por la polisemia del término tanto en pintura como en literatura y en el futuro me cuidaré de soltar más exabruptos contra esta tendencia artística. Pero el vocablo “sobrerrealidad” me choca. Me devuelve al “Punto Omega” de Don DeLillo. ¿Transmite “sobrerrealidad” esta novela cuando proclama la personificación de las cosas y la cosificación de la conciencia humana hasta la catatonia y a la identificación con el Universo?, ¿Resulta “sobrerrealista” una literatura con descripciones simultáneas de lo que ve un personaje, lo que siente, lo que cree ver y el poso que finalmente percibe tras corregir las primeras impresiones? No lo sé, de momento voy a olvidarme de la literatura americana que he traído aquí únicamente por su dominio de los puntos cardinales.
He llegado al fondo, unos espectadores no me dejan ver la gran tela colgada en el centro. Me arrimo a la pared derecha, junto a “Figura en una finestra” de Salvador Dalí, que nadie mira. Tan escorado no veo el gran cuadro pero sí algunos perfiles de turistas boquiabiertos. A mi izquierda, las tres nórdicas con las que voy coincidiendo sala por sala en mi recorrido por el museo. Muy cerca, la que es bajita y de ojos violetas se queda pasmada delante del cuadro. No pasa del metro sesenta, se recoge el pelo en dos trenzas rubias que se cruzan por la nuca en forma de diadema; lleva blusa de manga corta estampada con flores azules, bermudas vaqueras ajustadas y botas de media caña vuelta, muy de moda esta temporada. Un español con riñonera y bermudas viene e interpone unas piernas regordetas y peludas delante de las de ella: se expone ante mis ojos un ejemplo extremo del diformismo sexual en la especia humana. Al fin se marchan y me centro en el lienzo. Un sol pintado en la esquina superior de mi derecha acentúa la diagonal que divide la pintura. El motivo principal es un planeta cúbico, habitado, con ciudades, ríos y mares en cada cara. El mundo flota en su Éter poético. Veo seres discurrir por una escalera traslúcida que llega hasta el sol y distribuir este fuego en pequeñas estrellas. Parecen almas, fantasmas, o brujas, o duendes, pero prefiero a pensar que son ángeles o extraterrestres. En el primer plano delante de la escala hay más personajes: entes femeninos, de cabezas calvas y sin orejas. Seres superiores que crean a los que alumbran.
En la cartela:
Ángeles Santos Torroella. Portbou, Girona, 1911
“Un mò (Un mundo)”, 1929
Óleo, lienzo. 290 x 310 cm
Así que la misma pintora de 18 años terminó los dos cuadros en 1929.
Más tarde sabré que Gómez de la Serna se entusiasmó con ella, dicen que se puso pesado, y lo entiendo. No en vano, ella también tiene ojos violetas y sus recuerdos me interesan más que cualquier análisis de un pope de la vanguardia.
“Un día le dije a mi padre que sentía un enorme deseo de expresar todo lo que había visto en mi vida, ya ve usted, a esa edad... Yo entonces no era rara. Tenía muchas amigas. Fumábamos a escondidas. Digamos que éramos modernas. Después me volví muy extraña. Mi padre encargó una tela enorme a la casa Macarrón, que ocupaba toda la pared, una tela gigante para que el mundo cupiera. Para pintar “Un mundo” hice varios croquis previos, unos dibujos preliminares. A veces me despertaba en medio de la noche con una idea, me levantaba y dibujaba. Surgió solo. También pinté otros mundos. Se decía entonces que se iba a viajar a Marte y decidí incluir unos seres pequeños, con un armazón de alambre, sin orejas, sin pelo. También me influyó la poesía de Juan Ramón Jiménez, al que leía muchísimo: “... ánjeles malvas/apagaban las verdes estrellas./Una cinta tranquila/de suaves violetas/abrazaba amorosa/a la pálida tierra”. Al mismo tiempo pinté “La tertulia”, un cuadro que reúne a cuatro mujeres jóvenes. Lo pinté del natural. Salvo la figura que está abajo. Pensé que faltaba algo y la inventé. Era una mujer como de El Greco.”
 […] “Soy muy mayor ya.... Lo que me gustaría es pintar ángeles, pero para eso los tengo que ver primero. Son seres que no se ven, pero que deberían existir.”

Gema Pajares entrevistaba a Ángeles Santos para “El Cultural” de “El Mundo” con motivo de la exposición “Fuera de orden. Mujeres en la vanguardia española”. Fundación Mapfre.
Publicada el 31/01/1999
Traigo este recorte de hemeroteca, pero hay más noticias. Por ejemplo, hoy es su cumpleaños. Sí, hoy, 7 de noviembre de 2011, las páginas de cultura y hojas de sociedad deberían hacerse eco de este titular:

LA PINTORA DE 18 AÑOS, ÁNGELES SANTOS TORROELLA, CUMPLE 100 AÑOS

martes, 1 de noviembre de 2011

EACH TODAY IS YESTERDAY'S TOMORROW

Hoy no he ido el cementerio
Pero estuve ayer
Y me dijeron que mañana es Día de Difuntos
No hoy



sábado, 29 de octubre de 2011

Lobos de mar, capullos, zuecos y un caballito blanco

Una noche en la ciudad de Sète pedí pescado para cenar. Loup de mer, ponía en la carta. No supe reconocer el bicho que sirvieron en mi plato. Lo malo no era la especie de pez, sino de restaurante. Caí en la cuenta de que era lubina años más tarde en un Restaurante Francés que hay en el centro de Rabat donde probé el mejor loup de mer o lubina de mi vida. Sobre cocina no debo generalizar.
Brassens nació en Sète. 


En el colegio cantábamos “Les Sabots d'Hélène”. Nos la enseñaron antes que “La mala reputación”.


Brassens añadió a su repertorio el poema de Paul Fort “Complainte du petit cheval blanc” (Canción triste para un caballito blanco). Cuántos pobres niños (y no tan niños) traumatizados por la suerte del caballito que murió sin ver el buen tiempo, ¡con lo valiente que era! Murió sin ver la primavera ni detrás ni delante.


El sábado pasado, George Brassens hubiera cumplido 90 años; hoy hace 30 que murió. No le enterraron en la playa de Sète como pedía en otra canción.

viernes, 21 de octubre de 2011

Aventuras musicales

Rodolfo Martín Villa apareció en la pantalla. Era un programa musical que rememoraba una de sus actuaciones estelares en la transición española. Vaya flema se gasta don Rodolfo. “Sí, las cosas salieron así, hubo víctimas entre los trabajadores pero la culpa no fue de la policía. Algunos familiares nos preguntaron si veníamos a rematar a los heridos cuando fuimos a visitarlos al hospital. Lo de ir al hospital fue idea de Fraga. Nunca he vivido una guerra, pero aquello debía de ser lo más parecido a una ciudad en guerra. Sí, así fue…” No sabría decir si ponía cara de resignación o de poker, porque era la cara de Martín Villa detrás de unas gafas no tan grandes como aquellas que usaba cuando era político de la transición.
Empecé a imaginar la remota opción de conocer a don Rodolfo porque me había presentado a unas becas de creación artística que convoca la Fundación en la que ejerce de presidente honorífico. Quizá pudiera saludarle, entablar amistad. Después, en un requiebro de mi estúpida fantasía, le invitaba a pacharanes por Sanfermín y luego a kalimotxos por las txosnas deVitoria-Gasteiz durante la Virgen Blanca.
–¡Tú estás tonto perdido!
–Fofito Grillo, ¡cuánto tiempo! Tienes razón, sería preferible ir de pacharanes y kalimotxos con Kate Moss que con Martín Villa, pero me ha surgido así. Es una fantasía ridícula.
–Yo no critico tus ensoñaciones, recuerda que ahora hablamos en tu imaginación. Te llamo idiota por tu insistencia en presentarte a becas que nunca te darán.
Así ha sido. El profesionalísimo jurado de esta convocatoria no me ha concedido ninguna beca. Entre nada más que 926 artistas de España no soy uno de los cinco becarios, no ha podido ser: soy más malo que el puto sebo. ¡Qué desastre! Me lo advirtió Fofito Grillo. “No te presentes, ¿no ves que el jurado lo compone el equipo de siempre, con el grupito de tres señores y la señora que acuden juntitos a repartir becas y a seleccionar artistas en las bienales y concursos en los que nunca te dan más bola que la de dejar tus solicitudes en el montón de los mantas? ¿Y cómo se te ocurre enviar ese libro en el que halagas las nutridas carrilleras de los señores jurados y les llamas tragaldabas? ¡Vaya forma de malgastar los 15 euros en sellos que te ha costado enviar la documentación!
Ahora Fofito Grillo me mira con su cara de “¿No ves?, te lo dije”. Pero no parece enfadado del todo, intenta ponerse serio y está aguantando la risa.
–Que no me río, que no –dice apretando las mandíbulas a punto de estallar.
–Mira Fofito Grillo, si hubiesen abierto el libro, que no lo creo, lo de “tragaldabas” no lo habrían leído porque no han tenido tiempo de leer nada, y mandé el libro porque ya estaba impreso, con sus fotitos a todo color, y no me costó más esfuerzo que el de meterlo en un sobre y pagar los 15 euros de sellos. En los tiempos que corren, no es malo tender un hilito de esperanza. Lo cierto es que hasta que no vi a Martín Villa en la tele no me acordaba de sus becas. Me ocurre con la lotería, no me acuerdo del boleto y luego ni miro el resultado.
–Pues deberías mirarlo porque es más fácil que te toque el gordo de navidad que conseguir una beca cuando el jurado es la Familia Telerín, la Familia Trapisonda o cualquier otra familia de jurados que reparten becas por España. Incluso si no compras ningún boleto, es más probable que te toque el gordo. Y da igual el jurado, ya no tienes edad para ir de becario.
–Que sepas que en esta edición han concedido becas a artistas más viejos que yo –le digo.
–Pues… “Nos dejaaaron en derrooota” –empieza a cantar.
Y como tantas veces tras la resolución de un concurso, entonamos a coro este himno de Les Luthiers que nos recuerda la guerra de dossieres, la contienda de artistas, y el resultado de las escaramuzas.

Al terminar, Fofito Grillo me conmina a felicitar a los vencedores.
–Deportividad ante todo.
–¡Con lo poco que me gusta la gimnasia!
El capítulo dedicado a Lluis Llach fue el más aburrido de los documentales que he visto en el programa “Musical.es”, aunque tampoco estuvo mal. Me cae bien el Lluis Llach por eso, pero no es la alegría de la huerta que digamos. La película toma como excusa el 30 aniversario de la canción “Campanadas a Mort” que escribió la misma noche de los sucesos de Vitoria de 1976, recorre la trayectoria del cantautor y termina con un concierto ante familiares de las víctimas de la masacre que cometió una policía franquista cuando Franco llevaba muerto meses y gobernaba Arias Navarro, Fraga era ministro de la gobernación y don Rodolfo Martín Villa jefe de relaciones sindicales. Fraga no sale en el documental, pero don Rodolfo sí, don Rodolfo da la cara. Para los vitorianos (y para la historia) los responsables políticos fueron Fraga y Martín Villa (Suárez, que sustituía a Fraga de viaje diplomático en Alemania durante los hechos, no se libra del todo).
He disfrutado mucho con las películas sobre músicos que he visto por las noches del domingo en La 2. Lo mejor que he visto en la televisión, la verdad. La primera que vi era sobre el pianista y cantante Bola de Nieve, la semana siguiente vi otra sobre el concierto de Miles Davis y su banda en la isla de Wight en 1970, siguieron, aunque no recuerdo el orden, una sobre una estancia de los Rolling Stones en la costa Azul francesa, otra en la que entrevistaban a Phil Spector antes del veredicto definitivo del juicio por asesinar a la actriz Lana Clarkson de un disparo en la boca. La entrevista era de música y Phil Spector, muy modesto, se equiparaba con Leonardo, Galileo y Einstein porque lo había inventado todo y desvelaba algo que no sabía la gente: que incluso era responsable de los éxitos de Scorsese que es un desagradecido y nunca le reconoció su generosidad por no haberle paralizado su primera película, “La ley de la Calle (Mean Streets)”, que empezaba con su “Be my baby” y Scorsese no le pidió permiso para usar la canción en la cabecera: la puso de gratis y eso que “La ley de la calle” obtuvo gran éxito y al músico le hubiese correspondido un buen pico, pero como Scorsese era principiante Phil lo dejó estar, pero se lo pensó, a punto estuvo de pararle el estreno y no lo hizo; y luego Scorsese nunca le llamo para las bandas sonoras de sus superproducciones, el desagradecido. En esto tenía razón Phil Spector que, por supuesto, también habló mucho de su Muro de sonido y de que sus cantantes eran prescindibles: lo importante eran sus canciones y sus incomparables producciones de discos. The Crystals e incluso The Ronettes eran sustituibles, y Tony Bennett es un cocainómano que conste, y el Muro de sonido revolucionó la música como Bach por lo menos y se lo deberían reconocer pero no lo hacen porque le tienen envidia, está mal que sea él quien lo diga y de hecho no quería decirlo, pero así es. Menudo tipo Phil Spector. El retrato que le hacen en el documental “El tormento y el éxtasis de Phil Spector” es la caricatura de alguien al que se le escapó la pinza hasta infinito y más allá. Un tronado de record. En la entrevista se intercalan escenas del juicio y termina la película con el primer veredicto: el juicio es nulo, no se demuestra la culpabilidad. Tiempo después le condenaron a 19 años de cárcel por el homicidio. En fín, Phil Spector compuso muy bonitas canciones que al principio interpretó él mismo con su grupo Teddy Bears y luego compartió con infinidad de artistas.







Otro excelente documental, bastante largo, repasaba la vida de Joe Strummer con entrevistas a otros miembros de los Clash, a amigos, ex novias, e hijas.