miércoles, 5 de octubre de 2011
domingo, 2 de octubre de 2011
Un comentario fuera de lugar
Buenas tardes. Quizás tiene usted un mal día. Un día de esos, no importa, mañana amanecerá. Porque pintores hay a porrillo, y alguno bueno tiene que haber. Es difícil encontrarlo porque todo se emborrona entre tanta masa; si usted es periodista cultural, lo sabe. Mi teoría es simplona: se trata de un problema de expectativas, y si esperas a Goya o a Velazquez pues te lías y te conformas con Antonio López; y por eso Muñoz Molina se pierde y termina celebrando a un pintor de cebras y bueyes que considera mejor artista que un operario del la red nacional de carreteras que pinta pasos de peatones. Creo que Muñoz Molina se equivoca. Claro que sólo es mi opinión, y yo estoy aquí, perdiendo el tiempo, mientras Muñoz Molina escribe novelas de más de mil páginas y enseña escritura creativa en una universidad de Nueva York y Calvo Serraller le invita a impartir un curso en la Cátedra de Jorge Oteiza y el daltonismo es compatible con la literatura y con la crítica del arte. Es cuestión de estadística, si abundan los pintores, tiene que haber buena pintura, la dificultad se planta delante de los ojos de los espectadores. Cuesta ver. La cantidad nos confunde. A mí la pintura no me interesa especialmente (no mucho más que otra forma de arte quiero decir). El artista de la novela de Houellebecq me parece bueno; yo creo que es más un artista de los noventa, pero eso no es problema. Sus retratos tienen buena pinta, pero habría que pintarlos de verdad, esa es la ventaja de la literatura, que basta con contar (bien) y ya nos imaginaremos los cuadros mientras pasamos las páginas. Las fotos de las guías Michelín también podrían ser buenas, esas sí que son piezas muy de los noventa. En fin, que sí hay pintores; me parece haber visto en revistas alguna pintora internacional que me ha interesado. Recuerdo una que se maneja en un circuito de primera con el aplauso de la crítica y el mercado. No pintaba nada extraordinario, también retratos, uno de la señora de Obama antes de ser primera dama con sus hijas descansando en un mitin, por ejemplo. Nada del otro mundo, hay mejores pintores y algunos recluidos en provincias y en circuitos perdidos y de segunda y en “Art Paris”, en “Arcos” y en las ferias adyacentes. He visto buenos cuadros y pésimos. Y los mejores seguramente se me han pasado. Aunque los que yo creo que son buenos no son tan buenos para otros ni para los críticos o compañía. Pero lo son. Quizás soy snob. Quizás es cuestión de daltonismo, siempre del daltonismo de los demás. También como espectador es imprescindible un puntito de artista, y me lanzo, me atrevo a pensar que difícilmente un cuadro de Goya pintado hoy lo apreciaría, por lo menos me costaría a no ser de que fuese uno de los grabados de los Chapman (que tampoco me flipan), y porque los grabados son viejos y de otro (de don Francisco de Goya y Lucientes) y por la publicidad de los artistas. Esnobismo y cuestión de expectativas. Porque Goya vivió en su momento y la trilogía de películas “Regreso al futuro” nos ha mostrado lo peligrosa que sería una paradoja espacio temporal.
Otra es lo de espaldas que están muchos escritores rancios y modernos al arte contemporáneo y viceversa. Muñoz Molina o Trapiello serían ejemplos (cito a dos que ya han nombrado en el blog de usted), y el otro día una gestora de exposiciones modernísimas me dio una definición de lo que ella entiende por una novela-novela, que era una definición de lo más novecentista, muy moderna, no sabía si reírme por dentro. Creo que lloré. Eso pasa por definir la novela-novela, como pasa cuando se busca la pintura-pintura. Lo que entendí como una falta de miopía artística en Houellebecq es de lo que más me gustó del “Mapa y el territorio”. Me gusta la novela y el artista protagonista parece bueno aunque su desorbitado éxito de ventas es todavía inverosímil porque en París, que yo sepa, no se manejan esas cifras ni formas de venta (subastas a lo Damien Hisrt). Pero ese mercado sí existe en el mundo, esa parte de la novela (la venta del arte) es ciencia ficción bien hilada. Otro gallo cantaría si la galería fuese española: sería otra literatura: teatro del absurdo.
Tiene usted razón, se habla poco de los pintores. Se volverá hablar, esto es cíclico. Y la revista francesa “Art Press” buscará su Jed Martin y lo encontrará. Parezco Rappel, pero eso creo. Y el arte contemporáneo no es tan malo ni tan invisible. Créame. A mí también me cuesta verlo pero siempre llevo la bayetita para limpiar mis gafas, que también tengo. Incluso me las quito y borroso lo veo más claro. No entiendo que Houellebecq reclame con su novela a un artista de referencia internacional, sólo inventa un artista francés de referencia en el arte francés, un protagonista para su novela. Y crea a un tímido, independiente, fiel al su trabajo, a su intuición artística, que triunfará en el mercado internacional con tan sólo tres series (cuatro si contamos sus obras de estudiante). Ese tipo de fantasías ocurren en las novelas, en los cuentos con artistas y hadas. La crítica más famosa del “Art Press”, Catherine M., dice que le gustaría encontrar un artista como él. Como Jed Martin. Si la crítica selecciona artistas entre sus amigos (que no dudo son buenísimos) y entre los que se le presentan en las fiestas y en concursos mil, y entre los que le mandan dossieres y están peleándose ahí, en la pomada, no lo encontrará. El artista encerrado en su estudio no existe. Bueno sí, está en su estudio y puede ser un genio, pero no existe porque hace falta un milagro para encontrarlo y los milagros son timos (menos los que confirman el Papa y sus homólogos, que no quiero ahora herir sensibilidades religiosas). Es lo que muchos críticos quieren descubrir: su genio perdido, su milagro. Debe de tratarse de un síndrome. El síndrome de Harald Szeemann.
Por cierto, cada vez me encuentro con más novelas que protagoniza un artista o el arte moderno sale por ahí como ambientando.
Disculpe las molestias.
Un saludo.
sábado, 24 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
La efemérides
Este 14 de septiembre seguro que cumplen años otros amigos, o conocidos o personajes ilustres. Pero no los tengo anotados. Mi agenda es un desastre y el Facebook no me advierte de ninguno. La Wikipedia Efemérides señala unos cuantos. Encuentro interesante este dato: hoy cumplen años Renzo Piano, Mario Conde y Malena Gracia. Felicidades.
Me entristece recordar a los que hoy cumplirían pero ya no cumplen; como a mi tío Francisco: mi tío favorito y mi padrino. Y hoy también quiero señalar que mañana mi padre cumpliría años. Hace seis años que dejó de cumplirlos. Ni cumple hoy ni cumplirá mañana, pero yo lo señalo ahora porque marco las efemérides donde me da la gana; porque esto de las efemérides no es más que un juego de casino, como el de la ruleta, con sus 365 casillas o 364 los años bisiestos, en el que la casa hace trampa si quiere desplazando la bolita una casilla más atrás.
Entre los famosos, quizás ya sepan que Amy Winehouse no cumplirá hoy 28 años, y dicen que se va a hacer coincidir su cumpleaños con la publicación del dueto completo que gravó con Tony Bennett y también con un acto que consiste en presentar una fundación que lleva su nombre. Aún a riesgo de ser pesado, recuerdo aquí su ya no cumpleaños porque el Bonus CD que acompañaba al “Blak to Black The de luxe Edition” es el disco que más ha sonado en mi radio casete JVC con lector de CD, mientras escribía, publicaba o visitaba esta impoética. Un CD que empieza por “Valerie”, y termina con “Love is a losing game –original demo”; un disco que he sacado poco del lector porque, ¿para qué cambiar algo que me gusta?, y porque el viejo aparato JVC, que compré hace un porrón de años en la FNAC de París y que suena de maravilla, se ha vuelto cascarrabias y no le gusta que le importune cambiando los discos, y cuando lo hago se hace el remolón y los lee como quiere. Además, tiene su corazoncito de viejo choco y no le ha sentado nada, pero nada bien, la muerte de Amy Winehouse. Ya no lee bien ni el disco Bonus CD que acompañaba al “Blak to Black The de luxe Edition”. Se atraganta a la mitad de “Valerie”, empieza a hipar y a sollozar y lo tengo que apagar, darle palmaditas y ánimos para que empiece de nuevo; entonces se tranquiliza y vuelve a sonar como en sus mejores tiempos, como sonaba en París cuando le ponía discos de los Ramones a todo volumen y mi vecino afrofrancés armario negro de cuatro puertas aporreaba la pared, y entonces yo, que prefería conservar una razonable simetría en mi cara y todas mis extremidades en su sitio, cambiaba a los Ramones por Milton Nascimento, o por Satie, hasta que el vecino armario de cuatro, qué digo de cuatro, de seis puertas, se dormía, y a la mañana siguiente me sonreía cuando nos cruzábamos por la escalera. Como les cuento, mi achacoso aparato musical portátil sonaba entonces de maravilla, ahora también aunque sólo cuando quiere.
Un apunte histórico para terminar: el 14 de septiembre de 1812, las tropas de Napoleón llegaron hasta Moscú y encontraron la ciudad vacía e incendiada; regresaron a Francia, y en el camino, el frío, el hambre y los cosacos les dieron una tunda soberana. La toma de Moscú fue una victoria pírrica para los franceses, o algo peor.
Me despido. Muchas gracias. Hasta pronto. Aprovecha el momento. Carpe diem. Cabe canem.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Salí a por colonia - compré libros
Ayer fui a por colonia y compré dos novelas. Hoy las comparo, me las llevo a la cara, me introduzco entre sus páginas e inspiro con los ojos cerrados. La primera, “El talento de los demás”, desprende un aroma dulce y sintético, es un olor familiar, a septiembre, a vuelta al colegio, a estrenar libros de texto con papel satinado y cubierta plastificada. Las hojas de esta edición me acarician las mejillas con imprevista sensualidad. “Body Art”, la otra novela, no es sensual, el papel es rugoso y huele poco. Debo respirar dos veces, apretar la nariz contra el reverso del lomo, noto un olor a algodón, a pasta seca, a macarrones, a semillas o a cereales. Apenas aprecio la tinta ni la cola. Me queda un rastro amargo, diría que es achicoria pero no me ha resultado fácil la cata, voy a necesitar un cursillo.
Providencialmente, el librero ha dejado caer un panfleto publicitario de actividades en la bolsa de plástico junto a las novelas y la factura que siempre exijo para desgravarme el IVA. “CÓMO LEER UNA NOVELA”. Taller semestral de literatura. Lunes de 19,30 a 21,30 h. Del 17 de octubre de 2011 al 26 de marzo de 2012. Temario: el punto de vista, la percepción narrativa, la otredad, el lenguaje literario, novelas mal escritas, el tono, la estructura, la historia, el mecanismo causa efecto, la historia no lo es todo, la calidad de la novela, lo kitsch, cuando el efecto se impone, los referentes, los tres planos de intervención, biográfico, social y metaliterario, la cosmovisión del escritor, el pacto de la ficción, la selección y estilización del mensaje, novela y posmodernidad, metaliteratura, alta y baja cultura.
El temario no comprende cotejar tablas de aromas ni otros adiestramientos para un sommelier literario. Deberé esforzarme más, proseguir con mi autodidactismo nasal. Desde que agoté mi último frasco de “L’EAU D’ISSEY POUR HOMME” –“L’EAU D’ISSEY POUR CRAPAUD” aún no existe–, sólo uso un desodorante neutro, libre de alcohol y de aluminio. Me estoy volviendo inodoro, a un paso de incoloro, de alcanzar la pureza de un excremento daliniano.
Balance económico
- “L’EAU D'ISSEY POUR HOMME”, Issey Miyake, frasco de 125 ml.: 57,60 euros.
- “Body Art”, Don DeLillo, editorial Seix Barral, 142 páginas: 17,00 euros.
- “El talento de los demás”, Alberto Olmos, editorial Lengua de trapo, 318 páginas: 20,90 euros.
- Las dos novelas me costaron 37,90 euros; no compré el fraso de colonia: ahorré 19,70 euros.
- La editorial “Seix Barral” advierte en la página de créditos: “El papel utilizado para la impresión de este libro es cien por cien libre de cloro y está calificado como papel ecológico”. Esto justificaría su baja intensidad aromática. Por otra parte, sospecho que el propio nombre de la editorial “Lengua de trapo” ha podido conducirme hasta un momento de la infancia.
- “Crapaud” significa “sapo”.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Aviones
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