miércoles, 24 de noviembre de 2010

Preservar mi identidad


No pretendía insultar a mis vecinos cuando escribí “puede suceder que tus vecinos sean ratas…” Mis desconsiderados vecinos no son ratas, son seres humanos y vecinos insoportables. Ojalá fuesen ratas, en la droguería encontraría eficaces soluciones a mi problema en forma de sobres raticidas. Pero no, la mejor solución ahora es mudarme. Por momentos pienso que otra solución es subir armado con una recortada y cargarme a toda la familia, pero haría ruido y mancharía; también yo pecaría de desconsiderado. No me imagino una escena tan dramática para llegar al mismo resultado: me mudaría, en este caso me mudarían, a la cárcel más cercana. Los gastos inmobiliarios no correrían a mi cargo, pero no se me permitiría elegir el nuevo apartamento ni a mis nuevos vecinos que podrían resultar tan desconsiderados como los actuales. Es lo malo de las licencias poéticas. De escribir algo impreciso. No es que no supiera qué quería contar, pero algo se me escapaba y me introduje en terreno pantanoso. Así que el único lector de mi blog (aparte a mí mismo) me comentó:
-He leído lo que dedicabas a tus vecinos.
Mi único lector es un amigo que ha soportado mis amargas quejas sobre mis vecinos. Pero no, le contesto que escribo este blog bajo ruidos de tacones, gritos, arrastre de sillas, caídas, rebotes y desparrame de juguetes, portazos, carreras en el pasillo y un incesante vibrar del forjado de mi techo que es el suelo de los de arriba, pero no, no escribía sobre ellos.
-Pues te ha traicionado el subconsciente -replica.
-Puede ser. Pero respondía a un columnista que analizaba encuestas europeas sobre ratas y novelistas.
Es difícil conservar la identidad, mantenerse fiel a los principios. En mi adolescencia quería ser anarquista. Si había que enfrentarse al poder, ya puestos contra todo el poder, anarquista ni más ni menos. Algunos blandengues eran comunistas o socialistas, medias tintas. Nunca voté. Ni para el delegado de clase en segundo de BUP. -¡La democracia es la dictadura de la mayoría, todos seremos delegados! -y enarbolaba mi bandera con la A blanca encerrada en su círculo blanco sobre fondo negro. Luego en mi juventud, en aras de un sentido práctico, empecé a ceder y a votar en blanco. Colaboré con los demócratas. Fui anarquista de pacotilla y caí en decadencia. Empezó mi declive libertario. Un voto es la grieta por donde se cuelan todas las concesiones democráticas. Ese fue mi error, ceder al sentido práctico. Cuántos anarquistas célebres terminaron su curriculum libertario afiliados a partidos conservadores si no directamente en grupos de fascistas, nacionalistas o racistas. Algo parecido debió suceder con Azorín y, a unos niveles más de chicha y nabo, con el mediático Sánchez Dragó. Algunos lo justifican como una evolución lógica de la edad. Yo creo que es más una escalera de concesiones. La vejez se acelera con las concesiones más que con la edad, la experiencia o la sabiduría. Concesiones de Juventud y flaquezas de vejez. El caso es que ya no soy tan ácrata porque he prestado mi voto en varias convocatorias de elecciones generales, autonómicas, forales y municipales. Es cierto que no he mantenido un voto fiel, y que he votado siempre a la contra, para fastidiar, ni siquiera a partidos que me cayeran en gracia, siempre al partido que mejor pudiera perjudicar a las encuestas, con tal criterio que incluso votaría a la derecha. Lo haría para joder eh, porque sigo siendo anarquista, pero con un sentido muy práctico que participa en los comicios en lugar de poner bombas y cargarme a toda esa pandilla de dirigentes y dictadores demócratas. Y mis vecinos se van a enterar cuando les queme la casa porque tengo alma anarquista. Se tendrán que largar con sus ruidos si no se ponen pantuflas en casa para molestar menos a los de abajo, si no aprenden a vivir en comunidad, los muy salvajes. Y así, poco a poco, un anarquista impaciente se hace de derechas sí señor, un ciudadano de bien y de orden. Si me tomo un vaso de leche con un par de Trankimacines 3 mg me quedo calmado y más tolerante. Aunque no puedo seguir fatigando el hígado con fármacos. Preferiría envenenar a mis vecinos antes que a mí.
No he conseguido mantener mis ideales de adolescente ni mi apellido de Impoético. Me dejé llevar, caí en licencias poéticas y confundí a mi único lector. Intentaré que no vuelva a ocurrirme aunque soy de voluntad débil, un sapo común. A mi único lector le explicaré que considero a las ratas habitantes europeas de pleno derecho, antiguas vecinas que han acompañando a seres humanos en barcos por el mundo para colonizar territorios extranjeros como corresponde a su naturaleza invasora y europea. No soy xenófobo, sólo un poquito cuando se trata de vecinos de arriba, con los demás soy muy tolerante. Yo quería sugerir lo mismo que el columnista citado, que los novelistas se multiplican como los roedores, no sé, quizás si me dejase de licencias poéticas lograría ser más asertivo y borraría los “quizás” que tanto aparecen por este blog.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El 0,5% de la población europea es novelista

Un columnista contaba en mi periódico que en Europa uno de cada 200 habitantes escribe una novela en este momento. Lo señalaba de pasada entre otros datos menos denterosos, como el de que ningún habitante europeo puede estar más lejos que a 20 metros de una rata. ¡Vaya!, eso no me lo creo. En algún descampado castellano debe darse la casualidad de que no encontremos una rata en 20 metros a la redonda. La inevitable proximidad se da en ciudades europeas de pedigrí como Amsterdam, París o Barcelona. En mi ciudad también sucede, seguro. Aunque si vives en un edificio alto, no necesariamente. Si vives en un ático de un edificio de 11 pisos puede ocurrir que los 10 vecinos que viven debajo gasten raticida y por lo tanto vivas 11 pisos por encima de las ratas del sótano, a más de 20 metros alejado en altura. Por algo son exclusivos los áticos. Pero también puede suceder que tus vecinos sean ratas y que tú eres otra rata obligada a convivir con ciudadanos y ciudadanas europeos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Sant Antoni y el ranking trascendental



En la inauguración de un amigo pintor me puse al corriente de los rankings. Hacía tiempo que no nos veíamos porque está muy ocupado en exposiciones internacionales y empezamos a bromear con los rankings. Mi amigo hablaba de las páginas webs que se ocupan de puntuar a los artistas por sus exposiciones, siguen la trayectoria y les numeran en un ranking. Él, que últimamente ha sido invitado a varias bienales internacionales, me contaba orgulloso que ya es el número tres mil y pico, no recuerdo bien, pero reímos y brindamos por ello, le felicité sinceramente y le mostré mi admiración porque no es un mérito baladí. En estos rankings internacionales el primer artista español suele encontrarse bastante alejado de los primeros puestos. Ahora me complace percibir que esta situación cambiará pronto radicalmente gracias a un ranking infinitamente más trascendente que todos los de interné y que será encabezado por un artista español o catalán.
El pasado domingo en el mismo periódico que informaba sobre el premio nacional de Artes plásticas a S. S. y las negociaciones con la Baronesa me enteré de los trámites para la canonización de Gaudí. Se trataba en una columna con motivo de la visita del Papa y de la “Bula de promulgación” como basílica a la Sagrada familia. Se marchó el Papa y casi ni me entero de que había llegado. Qué veloz. Sé que ha abierto la boquita y ha molestado al gobierno, a las mujeres trabajadoras, a gays y a lesbianas, “bueno, el Santo Padre ha molestado a mucha gente pero sin intención de crear polémica”, justificaba un portavoz con sotana en televisión. Y lo de Gaudí sin resolverse, que era lo que me interesaba. Artista y santo. Eso sí es un premio de categoría. Gaudí no será el primer artista canonizado. Fra Angélico lo ha sido primero. Esto deja al arte contemporáneo a la altura del barro. Sí, Porque hay artistas que mueven literalmente montañas, como Fracis Alÿs; muy bonito eso de que la fe mueve montañas, pero montaña montaña… El mismo Alÿs reconoce que era una duna de arena (por poner un ejemplo con términos que suenan cercanos a la fe cristina). Hay arte que puede ser asombroso pero milagroso de verdad ya es otro nivel. Fra Angélico es el patrón de los artistas por algo. Ha tenido que lograr auténticos milagros para superar las pruebas del tribunal canonizador. Es un pedazo de artista. Y ahora Gaudí. Aunque los milagros de Gaudí son curaciones que todavía no pasan el juicio del jurado canonizador. No le han debido de salir muy bien. Es que Gaudí al final era un poquito torpe. No sabía ni cruzar la calle, se despistó, fue a cruzar y un tranvía lo mandó al Paraíso. No son los únicos. Debe de haber más artistas santos o por lo menos mártires. Por ejemplo, entre el Papa anterior y este han canonizado a centenares de mártires de la guerra española, la mayoría curas, monjas, hermanos maristas y otros religiosos. Entre tanto hábito y sotana tendría que haber alguien que pintase, dibujase, fuese ceramista o se dedicase a la cocina. Seguramente las Carmelitas Descalzas hornearían unos roscos de anís y huesos de santo divinos, y desde la participación de Adrià en la Documenta de Kassel todos sabemos que los cocineros son artistas indiscutibles. Aunque serían artistas anónimos, sin ranking ni trayectoria. No conozco más artistas de renombre canonizados por su arte devoto. Es algo que puede perjudicar a la autoría artística. Decir que a Fra Agélico le salían los cuadros de milagro, o que Antoni Gaudí proyectaba edificios de milagro porque no sabía ni cruzar la calle y toda su arquitectura, sus diseños de forja o de cerámica, sus métodos ingeniosos no eran más que intercesión divina, cuestiona su autoría, sus aptitudes artísticas: jugaban con ventaja. Con milagros cualquiera. Porque ambos, Fra Angélico y Gaudí podían ser incapaces. Unos análisis de ADN podrían demostrar en el futuro que Fra Angélico, sin ir más lejos, era daltónico. Pero acrecienta su santidad. Modestia y humildad, nada de vanidad artística, que la mano derecha no sepa que hacía la izquierda. No hay pecados capitales. Todo era obra del sacrificio, de exprimir sus aptitudes. Paradigmas del “ora et labora”
Desconozco cómo marcha ahora el ranking de artistas santos. Los defensores de la canonización de Gaudí afirman que será el primer artista santo porque Fra Angelico sólo es beato. Algo que ayudará a sacar pecho a los nacionalistas españoles y catalanes. Espero que no se lo disputen hasta la canonización definitiva, no vayan a entorpecer el proceso. No sé, no sé… No me aguanto: permítanme escarbar, meter los dedos por ahí. Dicen que Gaudí era muy pero que muy catalán. Sobre todo en su juventud. ¿Se puede ser catalanista y santo? A algún bigote español le puede dar un colapso. El vaticano decidirá, como ya decidió que no se puede ser mártir y vasco cuando excluyó de su lista a los sacerdotes y religiosos de este bando nacionalista. He encontrado un precedente (de santo artista, no de catalanista): San Lázaro el Ikonógrafo, pero no he visto ninguno de sus iconos para apreciar sus habilidades. Lo cierto es que las artes visuales deben de ser más  laicas o pecadoras que otras porque entre poetas místicos ya hay unos cuantos que han llegado a  santo.  Si hoy cualquier tema sirve para un proyecto de investigación, ¿por qué no este? Yo no tengo ganas, lo dejo a estudiantes desocupados.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Por los noes

Vaya lío que tengo. Hoy he visto en el periódico una foto a la directora general de Bellas Artes, Ángeles Albert. Muy sonriente ella. Ayer reparé por primera vez en su persona: Ángeles Albert era quien declaraba que el Ministerio de Cultura no había recibido todavía la carta de Santiago Sierra renunciando al Premio Nacional de Artes Plásticas. No es por nada, bastante tengo con recordar dónde tengo la cabeza como para retener los nombres de los funcionarios públicos. Me parece que es Ángeles Albert, y no Àngels, no estoy seguro, que no se me enfade don Josep-Lluís Carod-Rovira, ya le digo que desde ayer he leído el nombre de la directora de las dos maneras y todavía no he encontrado tiempo para investigar como se llama realmente “aquí y en la China Popular”. Hoy la señora Albert comentaba la jugada de la Baronesa Thyssen y las negociaciones sobre la cesión o alquiler de sus cuadros. Ayer Santiago Sierra apelaba a su libertad y renunciaba a los 30.000 euros del premio. Doña Tita Cervera también dice que es una persona libre y no necesita el dinero que le ofrecen. Santiago Sierra envió su carta a la ministra, se encadenó a su libertad artística y dijo No, ¡No a la tala! ¡No a la tala! ¡No a la tala!, en el paseo de la Castellana
Muchos aplauden a Santiago Sierra y otros tantos le abuchean. Es que no se puede hacer nada sin que te critiquen, ni rechazar un premio. Cada vez entiendo menos. Es que soy un pringao, y, si pienso en mi última experiencia artística, con su decisión Santiago Sierra me lo restriega más por la cara. No está muy claro. Entre las infinitas opiniones del blog Contraindicaciones alguien sospecha que todo es una maniobra del grupo Democracia. ¡Esa sería buena! El arte de Democracia no me atrae mucho, demasiado carpetovetónico. Mucha bulla con sal gorda. El de Santiago Sierra sí. Aunque si la carta fuese de Democracia cambiaría mi opinión, eso sí que tendría fina mala leche.
De momento Ángeles Albert dice que es una situación inaudita y no sabe qué hacer con el premio, si pasárselo al siguiente o dejarlo para el año que viene; porque la postura de quien admita ahora el premio es algo embarazosa. El premio es una patata caliente que podrían ir soltando uno tras otro artista suplente tras artista suplente. ¡Imagínate si lo sueltan más de cien mil y me llega! Pues me lo pensaría, ¡qué demonios! Ya que soy un pringao, por un poco más: pringao y quemao. Pero no, creo que también lo soltaría, si puedo, porque igual soy el  último y no queda nadie detrás. Qué ingenuo. Lo más seguro es que el segundo o la segunda suplente lo aceptará de buen grado y se justificará con un buen discurso. Si algo tiene el arte español son argumentos.
Se me ocurre la más sencilla solución: dividir el premio. Que se reparta un euro a cada artista suplente hasta que se acabe. Si es necesario, que el jurado llame a una experta en listas como Rosa Olivares. Ella les ayudaría a redactar un listado de artistas ordenado del uno al treinta mil. Otra opción es armar una plataforma para el reparto democrático de un premio abandonado. Una plataforma interdisciplinar, transfronteriza y epistemológica si hace falta.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Como un globo de Shrek



No he podido atender esta impoética. He estado ocupado con mi vida anterior: una exposición de la pera en la mayor sala de un Centro de Arte Moderno y de provincias. La sala principal, un salón de unos novecientos metros cuadrados y con paredes de hasta ocho metros de alto. He podido incluso intervenir la arquitectura. Pedí cerrar algún vano entre columnas con Pladur y, como decían los responsables del centro, “romper la sala”. "Es que rompes la sala". Como si significase algo… Yo sólo quería cerrar la visión de una parte y crear un recorrido. Quedó bien la “rotura”. La sala parecía aún más grande. El centro cuenta ya con tres años de exposiciones y nadie había “roto la sala” todavía. No es ninguna genialidad, necesitaba esa barrera, porque el espacio es como un frontón de pelota vasca: abierto y muy desapacible. Siempre me he sentido destemplado en los frontones, su reverberación me produce hormigueo en la espalda y frío en los riñones. La sala no es un frontón real, no sirve para jugar a pelota. Las paredes son de cartón yeso, no macizas como las de los frontones, y no tienen la acústica de estos. Pero he “roto” bien la sala. Lo malo es que no es la sala lo único que se ha “roto” figurativamente hablando.  Me explicaré. Lo noté sentado en la rueda de prensa junto al director regional de cultura a la postre el responsable del Centro de Arte Contemporáneo. Me destrozó el orto, el individuo. Y no me gustó nada. No. No quiero herir identidades sexuales. Prefiero escribirlo así en argentino porque me suena menos hiriente. Si me equivoco, pido disculpas. Pero estoy jodido. Me la metieron bien doblada. No aburriré con los detalles. Me insuflaron aire indeseado por orificios imprevistos. Con su voz atiplada, el director regional de cultura leyó un discursito muy útil a sus superiores y al partido regionalista que le sustenta. Me enteré de lo bien que salió la expo y de lo pringado que sigo siendo. Otra vez en el lado que no quiero. Han montado una exposición en un espacio grande y difícil, la anuncian como de producción propia; propia de ellos que no mía. Se referían a su departamento de cultura. Y es cierto, ellos han pagado el Pladur, aunque todas las piezas de la exposición las pagué yo como pude con mis trabajos remunerados y buscando subvenciones por centros que sí producen exposiciones. En fin, que han cubierto el expediente por cuatro duros y han cumplido estupendamente ante la prensa que es lo que importaba. He alimentado esta idea de los
regionalistas: producir arte moderno es muy barato, se puede llenar una sala de novecientos metros cuadrados por cuatro euros; siempre encontrarás artistas locales dispuestos a colaborar gratis, o casi. Encima tienen razón. El centro está pelado de presupuesto. Yo he contribuido a que siga así o a que empeore su situación prestando un trabajo anterior como de producción actual, un trabajo cuyo coste (sólo material, no cuento ni tiempo, ni viajes, ni dudas, ni proyectos, ni materiales rechazados) multiplica por cinco lo que ellos se han gastado en su "producción propia", en pagar el Pladur, a la empresa que me ayudó a montar, la restauración de alguna pieza, el transporte etc. Es estrictamente cierto que han producido la exposición. Sólo la exposición. Y se puede seguir así, como hay crisis… El director general de cultura se marchó sin despedirse. Misión cumplida. Tendría prisa por llegar a otra rueda de prensa. En el Centro me trataron bien. Bastante hicieron, pudo ser peor. La exposición me gusta pero entonces ¿por qué me siento incomodo?
En la rueda de prensa recordé unas ranas de mi infancia. Cuando era niño veraneaba en un pueblo del sur de España. Mis amiguitos del pueblo siempre estaban dispuestos a ampliar mis pobres habilidades de niño de ciudad. Y me enseñaron a inflar ranas. Aprendí a introducirles una pajita por el ano y a soplar. La rana se hinchaba como un globo. Luego la echaba al agua y la ranita se esforzaba por sumergirse, intentaba huir pero no podía, era un flotador. Nos desternillabamos de risa. Lo peor era cuando salían las tripas por la boca, entonces las ranas no nadaban, sólo flotaban inertes en el agua sin ninguna gracia. Es una sabiduría universal que aparece reflejada, con otra técnica, en una escena de la primera película de Shrek. El ogro infla bichos y los convierte en globos de feria. Muy gracioso. La sala se ríe. Los guionistas de Shrek y mis amigos del pueblo no se conocen. No creo que se haya transmitido la información entre continentes. Los conocimientos universales surgen espontáneamente en apartados puntos del planeta. Los niños de pueblo estadounidenses y españoles saben inflar bichos por sabiduría infusa, congénita. Los directores generales de cultura, también.

domingo, 10 de octubre de 2010

¿Nunca he tenido la suerte de leer nada?

Sofía Mazagatos lo dijo: “pues le sigo hace tiempo, aunque nunca he tenido la suerte de leer nada de él”. Lo recordé al enterarme de lo del Nobel a Mario Vargas Llosa. La verdad es que llevaba tiempo pensando en estas palabras de Sofía Mazagatos porque a mí me sucedía algo parecido. Sólo parecido. Yo también le seguía hace tiempo pero sí he tenido la suerte de leer algo. Supongo que es una suerte, no lo sé porque no he leído ninguna novela suya. Nunca me había apetecido. Cada cosa tiene su momento y siempre se me ha colado un libro de otro. Para ser exactos, lo que últimamente me ha sucedido es que, más que yo seguir a Mario Vargas Llosa, era él quien me perseguía. No, no hace falta que un siquiatra me trate de paranoia persecutoria. Ya sé por la prensa que Vargas Llosa da clases en Princeton y vive en Nueva York o sea que no me sigue, esta demasiado ocupado, pero su omnipresencia ha hecho que me tope continuamente con él. Mario Vargas Llosa se me viene cruzando desde hace tiempo aunque no he encontrado la ocasión de hacerle caso. Y no puedo decir que no he leído nada de él. Sí, he tenido la suerte de leer algo. Por azar. Sin buscarlo se ha colado en las solapas de varios libros de escritores hispanoamericanos que he comprado. Por ejemplo, esta primavera se publicaron dos libros de autores peruanos, uno La palabra del mudo de Julio Ramón Ribeyro en Seix Barral y el otro La esposa del rey de las curvas de Bryce Echenique en Anagrama. En las solapas de ambos aparecen reseñas elogiosas de Vargas Llosa a sus compatriotas. Después enlacé este fervor peruano con Un mundo para Julius de Echenique y también aparecía el cumplidor Mario entrecomillado en la contraportada. En un documental sobre Bolaño, Mario Vargas Llosa y su sonrisa ocupan bastantes minutos. Ya me había minado, tendría que leer algo de este “otro peruano”. Las críticas literarias consideran a Bryce Echenique “el otro peruano”, el más joven que empezó a la sombra de Mario Vargas Llosa; de momento para mí “el otro peruano” es el ahora premio Nobel, el hispano-peruano ilustre que no he leído todavía.
Ya hace pocos años, cuando me interesaba por la figura de Le Corbusier me encontré a un joven periodista Vargas Llosa, corresponsal de la revista Primera Plana en París que entrevistaba a Niemeyer en un hotel. Sonó el teléfono. Niemeyer descuelga, balbucea y palidece. Cuelga. Ha muerto Le Corbusier, dice. Queda en silencio. Enmudece todavía más, porque no es muy ducho en palabras según Vargas Llosa que lo describe increíblemente torpe con las lenguas para ser un brillante arquitecto internacional; con las lenguas de Mario Vargas Llosa, se entiende, porque el entonces también joven arquitecto brasileño no habla español, el francés a duras penas, y nada de inglés, sólo portugués y así no hay manera de entenderse, ni de hilar una buena entrevista, vamos. La entrevista se interrumpe con la noticia pero el periodista encuentra su filón, sale del apuro con una estupenda crónica sobre la muerte de Le Corbusier. Esta crónica en Primera Plana que me impide afirmar rotundamente que no he leído nada del flamante Premio Nobel. http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/internacional/internacional-la-muerte-arquitecto-lecorbusier.htm
Se burlaron de Sofía Mazagatos unos listos apresurados. Puede ocurrir que sigas a un escritor y no tengas la suerte de haberle leído, ¿porqué no? He buscado el contexto de las palabras de Sofía y me he encontrado con este blog donde opinan algo parecido. http://www.wikio.es/gente/modelos/sofia_mazagatos
Mucha gente tiene la misma suerte. Por eso la lotería toca tan poco. No hay que ser tan listo, ya vemos como en estos días se está siguiendo a Mario Vargas Llosa y por suerte o falta de ella hay quien tampoco le ha leído nada. Ahora se puede empezar a tener la suerte de leer un nuevo premio Nobel en lengua castellana sin esperar a las traducciones de toda su obra. ¿Y qué pasa? Tal como se las gasta la academia sueca seguramente casi nadie tendrá la suerte de haber leído nada del premio Nobel del año que viene.

jueves, 7 de octubre de 2010

La próxima Bienal

Público en la Bienal de Venecia de 2007

¡Mecachis! Tampoco esta vez me seleccionan para representar a España en la Bienal de Venecia. Me han llegado los mails de 3wart y exitmail con información sobre la participación española en la próxima edición de la Bienal de Venecia ¡y no aparezco, leñe! Me pica la envidia. La envidia de artista que me ha invadido durante años y ha aflorado por los poros de mi piel hasta convertirla en la piel venenosa de un sapo que acecha moscas desde la orilla. Apenas voy por mi estudio, prefiero atrapar moscas, pegarme atracones de moscas. Mmm que ricas las moscas, y qué variedad de tipos y sabores, en otro momento me extenderé con las propiedades organolépticas de este abundante manjar. Ahora me tengo que arrascar. Calmar el breve arrebato porque es cierto, reconozco que hace tiempo que no merezco representar a España ni en la Bienal de Venecia ni en ninguna otra. Nunca lo merecí, pero lo soñé. Qué lástima, me hubiera gustado que me subvencionasen el viaje, el alojamiento y la entrada para la inauguración. Viaje, hotel y alojamiento resultan caros en Venecia. Y no digamos la entrada al recinto de la Bienal. Pero intentaré ir de todos modos. Volveré a Italia estas vacaciones. Abandonaré mi orilla en este río de capital de provincias para llegar hasta los Giardini de Venecia, otra vez pagaré la entrada y visitaré el pabellón de España, el primero a la izquierda desde la puerta de acceso, para ver qué ha montado Dora García, la artista distinguida con el orgullo y la responsabilidad de representar a España en la presente edición de la Bienal de Venecia que no tiene nada que ver con el festival de Eurovisión, pero casi los confundo por seguir con la carrerilla, con eso de representar a España en la presente edición… ¡Qué el sapo envidioso!, así ninguna comisaria de exposiciones, ni suiza ni sueca, me convertirá en su príncipe del arte con un beso. En príncipe o embajador del arte español, cualquier cargo serviría para abandonar definitivamente esta orilla provinciana. Pero en el improbable caso de que se topase conmigo, nunca me besaría, con tanto veneno se arriesgaría a una gravísima afección de urticaria y las comisarias no arriesgan tanto.
Dora García no vive en la orilla sino en la pomada. No la sigo mucho, la verdad, más que nada porque no expone cerca de mi orilla. Conozco su Lucy de los 90, la he visto en un museo al lado de una de mis piezas de la misma época. Recrea en poliéster a la famosa australopiteca de Etiopía, de pié con aspecto muy femenino y humano. Dora García también parece humana. Desde su Lucy ha evolucionado mucho, no tanto como yo que me he metamorfoseado en batracio, pero se adaptó bien a los nuevos movimientos del arte. Pasó por Rijksakademie de Ámsterdam, esa fuente que emana artistas relacionales a borbotones, y vive o ha vivido en Bélgica, se ha mantenido a prudente distancia del ponzoñoso ambiente español, no se ha frotado contra pellejos tan venenosos como el mío y no se ha metamorfoseado, sólo ha evolucionado artísticamente. Bien por ella. He curioseado por interné y en revistas, he visto un trabajo que se cuenta bien, se entiende. No lo he visto en directo. Pero eso de que se cuente fácil me mosquea un poco. Lo que no es malo, todo lo contario, desde que soy sapo experimento los mosqueos de forma positiva, ahora son una llamada a la meditación, un elevado estado más allá de la reflexión. Para un sapo un mosqueo es muy apetitoso.
Un proyecto que se cuenta, una película que se cuenta, ya no apetece verlos. Lo mejor del arte plástico no se puede contar, no es tan literario, pero si no lo he visto no puedo terminar de valorarlo, sapo celoso. Además está por ver si el arte en Internet es arte plástico, para los expertos esta dentro de lo que llaman artes visuales. El arte en la red es arte visual y relacional, arte a diestro y siniestro para toda la peña. Lo veré el próximo verano o mejor el próximo otoño, como en las últimas bienales prefiero ir en otoño, en temporada media, más barata y con menos gente aunque Venecia siempre está atestada de turistas. Por esas fechas avanzadas de la exposición las piezas están algo desmejoradas. Porque el arte muy moderno enseguida enmohece, no aguanta ni los cuatro meses de una Bienal de Venecia, problemas de conservación aparte. Cuando llegue espero que la instalación que nos describe la comisaria funcione. Supongo que el presupuesto español en crisis llegará para esto, qué menos. Habrá mantenimiento de las herramientas multimedia, no hay problema. Si hace falta me entretendré un rato interrelacinándome por interné, pero no demasiado, porque me gustaría visitar el resto de pabellones y la entrada sólo sirve para una vez. He notado que Dora García ya ha trabajado en intervenciones en las que no hay que entretenerse mucho, confío en que esta vez también será comprensiva con los visitantes rasos, los que no tenemos pase de prensa o cualquier otro especial y recorremos de una vez las instalaciones. Lo pillamos todo a la primera. Por eso no entendemos ni la mitad. Y no todo sale en los catálogos. Los catálogos se preparan con antelación, muchas piezas ni aparecen ni se explican. Hace algunas bienales los compraba, ahora ya no. Me engaño con la promesa de adquirirlos a la vuelta en alguna librería española especializada y luego me olvido. Pero es que el paquete de catálogos (hace años que el catálogo se divide en varios volúmenes) pesa un quintal y me obliga a regresar al hotel o a cargarlo por Venecia el resto de la jornada. La Bienal se cierra a las seis de la tarde y queda tiempo para descansar en una terraza próxima a los Giardini, tomar un Spritz o un Bardolino y continuar, ir de compras, pasear, cenar… Los catálogos suponen un lastre incomodísimo. El entendimiento contemporáneo requiere sacrificio, pero estos catálogos no guardan demasiado entendimiento y no justifican el esfuerzo. Un artista no los necesitaba tanto como un crítico o un historiador y aún así yo me los llevaba, ahora no, ahora soy un batracio gourmet, un degustador de dípteros que elude el género pesado.